La bicicleta ocupa un lugar relevante en los planes de movilidad de las grandes ciudades de la región por sus múltiples beneficios. Es una apuesta que encuentra eco tanto en los gobiernos como en una ciudadanía mucho más consciente y participativa. 

Una de las grandes conversaciones de los últimos tiempos gira en torno a la crisis ambiental y los factores clave para contrarrestarla, siendo uno de ellos, por supuesto, la movilidad. En ese sentido, la apuesta por la bicicleta como medio de transporte es una estrategia que ha cobrado gran relevancia dentro y fuera de la región.

Este vehículo es un componente fundamental de los planes de desarrollo urbano en todo el mundo. Actualmente, países como Holanda, Bélgica, Alemania y Dinamarca son referentes por sus políticas ciclo-inclusivas, lo que reafirma que es posible pensar en formas más sostenibles de movernos. 

En el caso de América Latina, Bogotá lidera esta revolución sobre las dos ruedas. Según el estudio Ciclo-inclusión en América Latina realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BIT), la capital colombiana tiene la mejor infraestructura en toda la región con cerca de 550 kilómetros de ciclorrutas, seguida por Río de Janeiro y Buenos Aires. Además, la capital colombiana ocupa el puesto 12 en el ranking de las 20 ciudades con mejores condiciones para el uso de la bicicleta, es la primera ciudad no europea, según la organización danesa Copenhagenize

“Casi un millón de personas que viajan diariamente en bici ubican a Bogotá como una de las ciudades con más usuarios de bicicletas en todo el mundo. Esto muestra a otras mega ciudades que también pueden cambiar”, afirmó Morten Kabell, gerente de Copenhagenize. 

Otras ciudades de la región también lo están haciendo bien. En Rosario, Argentina, ya cuentan con 135 kilómetros de senderos exclusivos para bicicletas y, con las ciclovías temporarias, llegan a 173. Esta estrategia de movilidad urbana se desarrolla desde el año 2008, haciendo posible que se disminuya en un 65 % los accidentes de tránsito que involucran a ciclistas y convirtiéndola en la ciudad argentina con más cantidad de kilómetros para ciclistas por habitante. 

Por su parte, Santiago de Chile cuenta con 418 kilómetros de extensión de vías exclusivas para los ciclistas, ¡esto es tres veces la extensión actual del Metro de Santiago! Lo anterior se da gracias a una exigencia de la ciudadanía que ha pedido por años que el uso de la bicicleta sea tenido en cuenta en la planificación urbana. 

En Ciudad de México se creó, desde hace 10 años, el “Plan movilidad en bicicleta para México D.F.”, y aunque las cifras no son las que esperaban (pasaron de 98 mil viajes diarios hace una década a poco más de 300 mil en la actualidad), están convencidos de que es necesario apostar por el uso de la bicicleta como un medio de transporte limpio y amigable con el medio ambiente. 

“Incentivar la bicicleta como modo de transporte conlleva enormes retos culturales, más allá de la infraestructura vial ciclista y el uso mismo de la bicicleta, puesto que se requiere de nuevos patrones culturales y cambios de actitud en torno al símbolo de estatus que significa el uso del automóvil para la mayoría de los ciudadanos”, se consigna en el documento oficial de la “Estrategia de movilidad en bicicleta”

En conclusión, el panorama se muestra alentador en la región. Aunque los números aún están lejos de las estadísticas en viajes diarios e infraestructura que algunos países europeos manejan, resulta estimulante que en latinoamérica se mantengan dos factores claves y necesarios para avanzar positivamente en el uso de la bicicleta: la voluntad de los nuevos líderes políticos y una ciudadanía más consciente, organizada y participativa que tiene la voluntad para contribuir activamente al desarrollo de sus territorios. 

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