Mientras la expresión distanciamiento físico hace referencia a la mayor o menor lejanía entre las personas, que puede medirse en metros, el distanciamiento social alude al grado de aislamiento de una persona o un colectivo en el seno de su sociedad. El solo hecho de incorporar estos términos a nuestra cotidianidad ya nos dice que los cambios están sucediendo mucho más rápido de lo que esperábamos.
Es indudable que la situación actual del mundo lo está transformando y en muchos casos lo hará para siempre. El tema de las relaciones afectivas y sociales no queda exento, pues muchísimas personas han pasado de tener una relación física con varias dimensiones a una virtual que adquiere la forma plana de las pantallas.
La pregunta que surge es cómo poder salirse de la pantalla y llegar hasta el otro. En este sentido, la respuesta está en desarrollar la capacidad de generar emociones en los demás, de conectarse con ellos, algo que es posible con pequeños detalles que los hagan sentir que se está presente a pesar de la distancia, que nos importan y que todo va a mejorar. Hacerlo puede ser, en muchas situaciones, tan importante para los demás como para uno mismo.

El cambio como respuesta

Las formas de relacionarse ya venían cambiando de manera acelerada antes de la pandemia, por lo que queda la duda: ¿cómo será después? Es muy probable que vuelvan a ser lo mismo o terminen por evolucionar aún más, siendo temas como las redes sociales algo definitivo porque ya se habían convertido en una de las formas más frecuentes de acercarse y comunicarse en la actualidad.
La tecnología ya era una opción que ofrecía tal vez tantos beneficios como complicaciones por su influencia en las relaciones de todo tipo, en especial de las de parejas, con temas tan frecuentes como el coqueteo, la seducción y el flirteo digital. Esto sí que se ha incrementado en pleno confinamiento y las cifras hablan por sí solas, siendo un ejemplo la app de citas Badoo, que afirma que los diálogos dentro de su plataforma ahora son un 22 % más largos, las videollamadas han crecido un 9 % y las mujeres envían un 25 % más mensajes, mientras que los hombres un 12 %.
También venía sucediendo (y con seguridad es algo que sigue el alza) que la soledad ganaba cada vez más terreno, siendo una reacción casi lógica a un mundo hiperconectado. En muchos casos puede ser un camino que agobia y deprime, pero en otros es una elección propia que logra enseñar muchas cosas. La soledad se suele asociar a sentimientos negativos, pero cuando es una opción elegida está en capacidad de proporcionar un gran bienestar emocional. Se puede estar solo y aprovechar las ventajas de este estado, sin que necesariamente se tenga que permanecer aislado socialmente.
Así, la soledad puede hacer que las personas se conozcan mejor, sean más seguras de sí mismas y que tengan una respuesta más adecuada a la hora de elegir. Puede estar muy relacionada con el aumento de la creatividad, de la capacidad de introspección y de no sufrir dependencia emocional. Esto, sin embargo, no es una invitación a quedarse solo, sino a saber estar bien consigo mismo.
Superar una ruptura en pleno confinamiento, por su parte, es un nuevo reto que muchas personas han tenido que enfrentar, teniendo que replantear las formas tradicionales en las que podían enfrentarse a este suceso: salir de viaje, verse con los amigos, encontrarse con un viejo amor, sentarse en un bar o en un cine, irse a correr o inscribirse en un gimnasio, hacerse una cirugía o tatuaje. Hoy hay que afrontar la situación en soledad, enfrentándose a sí mismo, aguantándose las ganas de escribirle a esa persona y más bien optando por hacerlo para uno (pocas cosas tan sanadoras y liberadoras como las letras).

¿Qué será del amor?

El amor tradicional ha desaparecido en muchos casos, dejando paso a diversas formas de sentir y a una búsqueda de sensaciones novedosas. Queda esperar cómo viviremos nuestras nuevas relaciones tras la pandemia en un mundo en el que ya venían cambiando antes de esta situación.
Mientras los divorcios iban en alza, diferentes formas de relacionarse mucho más allá de la virtualidad ganaban fuerza, siendo estas algunas de las más populares: flexisexuales (chicas bisexuales que se juntan con chicos que pueden o no serlo también), híbridas (uno de los miembros es monógamo y el otro puede mantener relaciones esporádicas con terceras personas, siempre con el consentimiento de su principal pareja), citas múltiples (antes de elegir a una persona con quien compartir el día a día, muchos optan por abrir varias puertas y lanzarse a todas las oportunidades posibles para poder probar antes de la elección final), swingers (intercambios de pareja) o poliamor.
Sin embargo, el amor tradicional dará su propia batalla por sobrevivir a pesar de la posibilidad de que, pasada la situación actual, se venga una pandemia de separaciones, la cual ya es materia de memes, en especial con los abogados de divorcio. Aunque en algún momento conoceremos las cifras en esta materia que dejó el confinamiento, sí es muy diciente que en China, por ejemplo, según las estadísticas del Ministerio de Asuntos Civiles, la tasa de divorcios ha estado aumentando constantemente desde 2003, cuando se liberalizaron las leyes. Más de 1.3 millones de parejas se divorciaron ese año y las cifras crecieron gradualmente durante 15 años, alcanzando un máximo de 4.5 millones en 2018. El año pasado, 4.15 millones de parejas chinas rompieron su compromiso.
Si queremos evitar una desbandada similar en nuestra región a causa del momento presente, cada uno puede poner de su parte aceptando que todo lo que estamos viviendo es diferente y no estábamos preparados como personas ni parejas. Podemos ser más comprensivos y moderar las emociones, manejar un lenguaje equilibrado y optimista. No está de más hacer acuerdos de convivencia, darle espacio a la empatía, generar rutinas saludables que den la sensación de estabilidad y control de la situación. También es importante saber escalar los conflictos, no ser reaccionario, sino reflexivo, por lo que hay que dejar que respuestas primarias como la rabia se disipen.
Es claro que el momento actual nos podrá cambiar, ya depende de cada persona que la respuesta sea la mejor para todos los que la rodean, sin llegar a olvidarse de sí mismo. Asegúrate de hacer tu parte y busca tanto el beneficio propio como el de tus allegados.

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