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Diferencias que enriquecen

8 noviembre 2016 Revista 5 Sentidos

La globalidad implica respeto, aceptación y diversidad. Para ser ciudadanos del mundo es necesario respetar al otro tal y como es, diferente.

Lentes encima de una laptop

¿Quiénes somos? No somos ciento por ciento blancos, ciento por ciento negros o indígenas y si nos hiciéramos una prueba genética para determinar nuestros orígenes, seguramente encontraríamos algo de árabes, asiáticos y caucásicos. Somos portadores de milenios de historia, genética, cultura y evolución.

Estamos en un mundo global en el que cada minuto nos vemos influenciados por programas, música, sabores y conceptos de otras culturas. Los adolescentes de los rincones más dispares de la tierra escuchan las mismas canciones, seguimos las mismas tendencias de moda en Nueva York, Madrid, Bogotá o Medellín y nos afectan casi por igual el precio del petróleo o el calentamiento global.

La biología es sabia y cuando dos especímenes de una misma especie se juntan, toma lo mejor de cada una: su capacidad de supervivencia, su forma de defenderse ante las enfermedades o enfrentar los retos climáticos. En los seres humanos es lo mismo. La evolución genética implica la selección de una cantidad de información biológica, lógica y comportamental que nos dé las mejores probabilidades de supervivencia frente a los retos que nos plantea el mundo.

Aunque por instinto el ser humano le teme a lo diferente, la historia nos muestra lo valioso y enriquecedor que puede resultar. ¿Qué sería de nuestra gastronomía sin arroz? ¿Sin carne de res? ¿Sin pastas? ¿Sin helados? Estos son productos traídos por extraños hace cientos de años. ¿Qué sería de nuestra modernidad sin electricidad, sin los inventos de Thomas Alva Edison, Nikola Tesla o Steve Jobs? Todos ellos fueron inmigrantes o hijos de inmigrantes que llegaron a Estados Unidos (el primero de austriacos, el segundo croata y el tercero con padre sirio y madre suizo-alemana), y cuyos desarrollos nos benefician a lo largo y ancho del planeta.

Se habla frecuentemente de la tolerancia y la inclusión, pero son palabras que se han convertido en parte de un discurso cuyo sentido olvidamos y es muy simple, se trata de sobreponernos a ese miedo inicial a la diferencia y a respetar al otro. Darle la oportunidad a ese ser de cultura, color, rasgos o pensamiento disímil a que viva, se desarrolle y brinde lo mejor que pueda de sí mismo. Intenta no señalar por su diferencia, sino buscar puntos de encuentro que nos acerquen.

La bondad, la maldad, la inventiva, la inteligencia pueden hallarse en cualquier lado y simplemente hay que estar atentos para darle una oportunidad a lo bueno, constructivo y enriquecedor y frenar todo aquello que desde fuera o también desde dentro puede hacernos daño como sociedad, como familia, como grupo.

Tener una mirada justa es abrir los ojos y ver lo que nos rodea. No asumirlo, no presuponerlo. Marcar las cosas por lo que realmente son y no por lo que de antemano pensamos que son. Hay una gran diferencia entre lo uno y lo otro y es el secreto para ver todas las posibilidades que existen en todos y en todo.

Superar el miedo a lo nuevo, respetar la diferencia y la individualidad hace parte de la cultura global. Más que calificarse profesionalmente, los seres humanos tenemos que prepararnos para ser ciudadanos del mundo.

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