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¿Cómo afecta el estrés al cuerpo?

28 mayo 2018 Revista 5 Sentidos

El estrés en sí no es malo, pero cuando es desproporcionado afecta el sistema nervioso y los sistemas corporales.

Como en el caso del instinto, emociones y demás funciones importantes para la supervivencia de la especie, todo empieza en la mente. La idea de que los pensamientos, sentimientos y emociones son “abstractos” y no tienen nada que ver con el cuerpo físico está totalmente revaluada. El cuerpo y la mente son uno: las emociones, sentimientos y pensamientos surgen de ese complejo órgano llamado cerebro, necesario para que se produzcan y que da las órdenes indispensables para que el organismo reaccione adecuadamente de acuerdo con lo que ellos han reportado. Los pensamientos y sentimientos están representados en actividades del sistema nervioso y se expresan no solo verbal o gestualmente, sino en todo el organismo somatizándose de diferente forma.

La emoción no es cuestión de “niñas”, constituye la reacción natural frente a los estímulos del mundo exterior e interior. Muchos investigadores hablan de la vida emocional como “The Feeling of What Happens” (El sentimiento de lo que ocurre), mientras que otros van más lejos y hablan de un sentido adicional, en el que trabajan todos los demás unificados para darse cuenta de lo que está pasando.

La emoción tiene tres funciones fundamentales para la supervivencia:

  • Activación sicofisiológica para evaluar y valorar el entorno, es decir, saber qué está pasando.
  • Dar una respuesta a través de una conducta adaptativa que puede ser de evitación/huida o de búsqueda/gratificación.
  • Dar señales específicas para comunicar esta vivencia a los demás.

Los sentimientos son las emociones conscientes

El estrés en sí mismo no es malo. Por el contrario, resulta importante para la supervivencia, constituye la respuesta del organismo frente a los retos de la vida (cambios vitales inmediatos, sean una amenaza, discusiones, problemas interpersonales, exigencias en el trabajo o académicas). Gracias a él estamos más alerta, con mayor claridad, más velocidad y precisión para responder a los estímulos y retos.

El problema viene cuando el estrés se vuelve desproporcionado, crónico, continuo y afecta el sistema nervioso (con ansiedad sin causa, ansiedad crónica, depresión y otros trastornos emocionales) y todos los sistemas corporales (trastornos sicosomáticos). Este se llama distrés o estrés maladaptativo y es el que realmente genera inconvenientes.

Así se encienden las alarmas

A través de los sentidos y la emoción se percibe qué está ocurriendo alrededor. Cuando hay una amenaza se activa el sistema nervioso central que nos da una señal de alarma de que algo está pasando o va a pasar. Esta alerta activa todos los sentidos (vista, olfato, tacto, oído) para captar bien la situación y dispara una respuesta sicofisiológica para reaccionar adecuadamente frente a la alarma. Las opciones de respuesta que tiene el organismo amenazado son las llamadas flight/fight/freeze, es decir, huir del peligro si es posible, luchar o en último caso paralizarse cuando las anteriores no son viables.

En esta respuesta intervienen las redes siconeuroinmunoendocrinas:

  • Sicopensamiento del sistema nervioso central.
  • Inmunosistemainmunológico.
  • Endocrino hormonas.
  • Y estas activan tres sistemas básicos: el sistema endocrino, el sistema inmunológico y el sistema nervioso autónomo.

Sistema nervioso central

Las redes neuronales que regulan la capacidad de adaptación al estrés se localizan en varias áreas: sistema límbico (cerebro emocional); lóbulos frontales (interpretación de lo que está pasando); el hipotálamo (respuesta hormonal y energética) y la hipófisis (función hormonal). Estas neuronas contienen dopamina, serotonina y noradrenalina que activan o desactivan las funciones.

Sistema endocrino

El “gran jefe” del sistema endocrino es el hipotálamo, pero las hormonas actúan en todo el organismo, dando y cumpliendo órdenes a través del sistema circulatorio. De hecho, se dice que las hormonas son la continuación circulante del sistema nervioso.

El hipotálamo es el regulador directo de la hipófisis, la glándula más importante del cuerpo porque a su vez controla la tiroides, las suprarrenales o la melatonina que segrega la epífisis (hormona del sueño y la alerta).

Cuando hay un estrés extremo, el cortisol inunda el organismo y hace muchos cambios para que conserve cierta energía por un lado para gastarla por otro, pero si el cortisol se mantiene por mucho tiempo elevado produce alteraciones en todos los órganos y sistemas. Aumenta el azúcar y puede empeorar una diabetes y favorecer úlceras gástricas.

Sistema inmunológico

Es el sistema de defensa frente a infecciones, tumores, agentes potencialmente dañinos. En una situación de estrés se “desactiva” para evitar que en una sobrerreacción se desaten todos los mecanismos de defensa (se apriete el botón rojo nuclear) y el organismo se ataque a sí mismo.

El sistema inmunológico deprimido por mucho tiempo deja al organismo desprotegido frente a infecciones, bacterias y virus y se disminuye la respuesta inflamatoria.

Sistema nervioso autónomo

Regula todas las funciones involuntarias del ser humano necesarias para su supervivencia, como las pulsaciones del corazón, temperatura, sudoración, movimientos intestinales o tensión muscular. Funciona a través de dos subsistemas, el simpático, que es activador, el de acción y huida y el parasimpático, que es paralizante.

Está presente en todo el organismo por medio de una red de nervios y ganglios simpáticos. Frente a una situación de estrés, aumenta el ritmo cardiaco para que haya más sangre en los tejidos y se pueda correr, saltar más alto o luchar; se activa la frecuencia respiratoria para que haya más oxigenación; se activa el tono muscular para que haya más resistencia y se impactan otros órganos y sistemas como el digestivo (presión en la boca del estómago; movimientos intestinales de dilatación, urgencia urinaria); la piel (temblor, sudoración fría, piloerección) para que colaboren en ese momento específico de necesidad.

Lo que hace el distrés en el cuerpo

Los trastornos de ansiedad, depresión o el distrés pueden afectar la fisiología de todos los sistemas corporales (digestivo, cardiovascular, hormonal, etc.) generando bien sea síntomas que no tienen consecuencias en el largo plazo, alterando temporalmente su funcionamiento normal o disparando o empeorando problemas de órganos o sistemas que antes no se tenían e inclusive pueden causar enfermedades.

Sistema nervioso central

Puede agravar factores de:

  • Depresión, ansiedad y otros trastornos mentales.
  • Problemas conductales entre otros.
  • Pérdida de memoria, disminución de la capacidad de aprendizaje y agotamiento mental.
  • Vértigos.
  • Trastornos de sueño.
  • Cefaleas:
    • La cefalea tensional, causada por el aumento del tono de los músculos del cuello, la nuca y la cabeza.
    • Cefalea pulsátil, que es de tipo migraña y que se da por dilatación o contracción de las arterias craneales.

Sistema respiratorio

  • Sensación de opresión en el pecho o ahogo. Tos y recrudecimiento de episodios de asma, que son respuestas inmunes muy asociadas al distrés.
  • Pérdida del conocimiento por hiperventilación debida al aumento de la frecuencia y profundidad de la respiración que lleva a modificaciones del calcio.

Sistema cardiovascular

  • Aumento de la presión arterial
  • Aumento de la frecuencia cardiaca
  • Aumento del colesterol
  • Aumento de los lípidos en sangre
  • Aumento de los triglicéridos en sangre
  • Mayor vasoconstricción que lleva a una menor oxigenación y aumenta el riesgo de infarto, o accidentes cerebrovasculares.
  • Alteración de las placas sanguíneas por el aumento del cortisol y los triglicéridos.

Sistema reproductivo

  • Pueden presentarse disminución o carencia de deseo sexual.
  • Anorgasmia.
  • Problemas de desempeño sexual.
  • Dificultad para lograr un embarazo.

Sistema gastrointestinal

  • Puede aumentarse el apetito con la consiguiente presencia de obesidad o, por el contrario, desaparecer el apetito.
  • Bruxismo: se trata de la tensión excesiva de los músculos mastoides, que pueden llevar a dolor permanente en cuello y cabeza y un desgaste excesivo de los dientes.
  • Herpes: en la boca, por la supresión inmunológica, produciendo aftas dolorosas y molestas.
  • Problemas de deglución.
  • Reflujo o gastritis: el cortisol aumenta el ácido clorhídrico y disminuye las mucosas que protegen la pared del
  • Aparición, agravamiento o cronificación de colitis espásticas o colon irritable. El sistema vegetativo o autónomo aumenta o disminuye los movimientos intestinales produciendo cólicos, constipación o diarrea. Son más frecuentes en mujeres y de no tratarse a tiempo pueden desembocar en colitis ulcerativas.

Sistema osteomuscular

El organismo humano posee 650 músculos y todos pueden tensionarse por estrés. Sin embargo, lo más frecuente es que se den espasmos en el cuello y la espalda que pueden generar un simple dolor o llevar a un pinchamiento de nervio que puede afectar la función normal de brazos y manos. Se puede desencadenar en destrucción de proteínas de los músculos.

La piel, el lienzo de la emoción

La piel es el órgano más grande del cuerpo y también aquel que, junto con la mente, está más expuesto a los estímulos y agresiones del mundo y tiene una comunicación directa con él. De hecho, cuando se está formando el embrión, de la capa más externa del óvulo fecundado (el ectodermo) salen la piel y el cerebro. Por eso la piel es uno de los órganos en los que más fácilmente se somatizan los efectos del distrés y se pueden manifestar empeorando o exacerbando enfermedades preexistentes, disparando la cascada inflamatoria o disparando conductas o patrones de comportamiento que la afectan.

Condiciones que pueden empeorarse:

  • Dermatitis seborreica: trastorno caracterizado por enrojecimiento y descamación en áreas ricas en sebo del cuero cabelludo, cara y tronco
  • Psoriasis: enfermedad inflamatoria con componente sistémico que causa picazón, parches dolorosos de piel engrosada y enrojecida y escamas plateadas
  • Neurodermatitis o liquen simple crónico: es un trastorno neurológico que incluye prurito crónico. Con el estrés muchas veces se genera un círculo vicioso de picazón/rascado que empeora el estado de la condición y lleva a engrosamiento y liquenificación de la piel.
  • Dermatitis o eccema numular: con manchas o parches en forma de moneda pruriginosos que se exacerban con el estrés.
  • Acné: puede empeorarse con el estrés, sea por los cambios sistémicos o por comportamientos compulsivos de arañar y manipular las lesiones en la piel.
  • Dermatitis atópica: es una alergia estructural que se puede desarrollar en cualquier momento de la vida y en diferentes áreas del cuerpo. Muchas veces se dispara con el estrés y puede entrarse en un ciclo de crisis alérgicas recurrentes.

Comportamientos que afectan la piel:

  • Tricotilomanía: manía de halarse o arrancarse el pelo (descargando el estrés)
  • Onicofagia: comerse las uñas
  • Onicotilomanía: manía de arrancarse las uñas
  • Skin picking: arañar o pellizcar la propia piel haciendo excoriaciones. Es muy frecuente en jóvenes.
  • Excoriaciones en el cuello cabelludo: llamada manito de mono.
  • Excoriaciones en el cuerpo: arañazos, pellizcos, etc.
  • Delusiones parasitarias: sensación de que pequeños animalitos caminan por dentro de la piel. Las personas que lo sienten muchas veces se arañan y consultan recurrentemente sobre ello. Es necesaria una evaluación médica porque puede ser una manifestación del estrés, pero también puede ser síntoma de una enfermedad sistémica.

Síndrome de sensibilización central

Cuando el distrés, la ansiedad extrema o la depresión son crónicos, pueden agotar los mismos sistemas de respuesta al estrés (inmunológico, endocrino y neurovegetativo) generando condiciones de mal funcionamiento como la fatiga crónica, la disautonomía o la fibromialgia. Esto es lo que se llama síndrome de Sensibilización Central.

Todas las manifestaciones sintomáticas asociadas al estrés deben tratarse integralmente, incluso también con la ayuda de la psicología clínica y la siquiatría para el manejo de la ansiedad crónica y la depresión.