La pandemia trajo consigo diversas transformaciones sociales que modificaron, a su vez, nuestra manera de concebir el tiempo. La incertidumbre en el mundo poscovid-19 es una oportunidad para que las empresas ofrezcan la tranquilidad que sus consumidores necesitan.

Los cambios que experimentamos como sociedad a causa del covid-19 son evidentes. Estos reestructuran las bases de la llamada nueva normalidad, así como nuestra relación con el tiempo, que se ha modificado en tanto procesos que antes tomaban años en implementarse, hoy se ponen en marcha en cuestión de semanas o días. Asimismo, los planes que teníamos para el corto y mediano plazo tuvieron que cancelarse o moverse, lo que produjo incertidumbre frente al presente y el futuro.

El Observatorio de Tendencias de SURA denominó eterno déjà vu a este fenómeno, el cual le exige a la humanidad una mirada diferente que le permita responder a los desafíos actuales y venideros producto del covid-19. Hay que analizar la concepción renovada de tiempo, las capacidades a desarrollar con el fin de responder a la incertidumbre y lo que, una vez terminada la pandemia, se debe seguir aplicando.

Diana Múnera, socióloga y magíster en Comportamiento del Consumidor, afirma que la coyuntura les posibilita a las organizaciones preparar su oferta y ofrecer experiencias valiosas a partir de la revisión de las señales de cambio del entorno. Entre ellas, se destacan:

  • Visión ambidiestra: hay cosas que, debido a la pandemia, se desaceleraron o pausaron, como los viajes o el disfrute de lo público, mientras que, paralelamente, aspectos de la vida se apuraron, como el uso masivo de aplicaciones digitales en favor del bienestar y la comodidad. En ese sentido, se desarrolló una visión a corto plazo para responder a la crisis y una a futuro (entendido ya no como años, sino meses o días) ante la falta de certezas.

El tiempo en el periodo poscovid-19

  • Preguntas reflexivas: la intimidad del hogar, las nuevas rutinas y la preocupación por la salud mental hicieron que nos preguntáramos por el propósito de vida. La reflexión sobre la existencia se tradujo en observar, de forma detallada, las decisiones que tomamos en el pasado y las que debíamos encarar de ahora en adelante. Esto condujo a la reestructuración de las maneras de consumir, las relaciones personales y las prioridades.
  • Huida al pasado: como sociedad, volvimos al pasado (eterno déjà vu) para estudiar cómo se enfrentaron momentos históricos similares al actual. Ante la ausencia de conocimiento acerca del futuro, la nostalgia del hogar, las películas antiguas y los juegos de mesa de la infancia se convirtieron en refugio contra la inseguridad.
  • Aceleración flexible: el covid-19 apresuró determinaciones en los ámbitos público y privado, lo que desencadenó una ampliación del mercado y la metamorfosis del consumo. Las marcas evolucionaron para llegar de otras formas a sus públicos, mientras que los consumidores optaron por probar servicios y productos que satisficieran adecuadamente sus necesidades. Esto obligó a las empresas a ser más prácticas para entregar valor en el menor tiempo posible y respetando las medidas de bioseguridad, fundamentales para garantizar la confianza de los usuarios.

¿Cuál es nuestra disposición ante los cambios de ritmo que debemos afrontar en la cotidianidad?, ¿cómo conectarnos con nuevas prioridades y mediante qué actividades? Estas y otras preguntas son esenciales para sopesar las decisiones con las que moldearemos el futuro, la sociedad emergente que, ante las dificultades, requiere más que victorias a corto plazo.

 

Fecha de publicación: junio 10 de 2021.

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