sura-seguros-centro-de-conocimientos-bienestar-somos-padres-comieron
17 diciembre 2019 Blog Sé saludable

Somos lo que nuestros padres comieron

Nutrigenética y nutrigenómica: dos ciencias que estudian la relación de lo que comemos con quienes somos.

En 1953 se descubrió el ADN, esa cadena de información que programa nuestro color de pelo, piel y todas las características que pasan de padres a hijos, de generación en generación. Más de seis décadas después los avances han sido sorprendentes: hoy se cuenta con bancos genéticos, se pueden aislar genes individuales de forma que se sabe cuáles se relacionan con enfermedades específicas y, de esta forma, determinar factores de riesgo para la salud. La nutrición no se ha quedado atrás en este campo con el desarrollo de dos clientes: la nutrigenética y la nutrigenómica.

Nutrigenética

En palabras simples, la nutrigenética es la influencia que tienen las variaciones genéticas de cada persona en la respuesta a los nutrientes. Esto explica por qué ciertas familias, grupos étnicos o pueblos pueden tener mayor tendencia a determinadas condiciones.
Por ejemplo, se sabe que los indios pima norteamericanos y su descendencia tienen alto riesgo de sufrir diabetes por su configuración genética. También, algunas tribus de Nueva Zelanda presentan altas tasas de obesidad, y esto se debe a razones genéticas: el organismo de los habitantes de las islas se configuró a lo largo de los siglos para resistir por días sin ingerir alimentos. Esto significó modificaciones en su gasto metabólico y la forma en que los nutrientes se metabolizaban y almacenaban para darles el mayor rendimiento posible en los días de ayuno. Las condiciones en la consecución de comida han cambiado y solo hay que ir al supermercado para conseguir lo que se quiere. Pero este cambio, de hace menos de un siglo, todavía no ha sido asimilado por la genética de los habitantes y sus cuerpos continúan metabolizando los nutrientes como lo hacía hace centurias.

Más cercano a nuestro entorno, encontramos como la diabetes, la obesidad o la intolerancia al gluten o a la lactosa se expresa en familias completas, o se hereda de padres a hijos haciendo que el consumo de determinados alimentos desencadene la enfermedad.

Nutrigenómica

Es la influencia que tienen los nutrientes ―lo que se come―, en los propios genes.

Hace diez mil años, con el desarrollo de la agricultura, se generó el gran cambio genético en el hombre. Este, que hasta entonces era cazador y recolector, cambió sus condiciones de vida y su ambiente. Al descubrir el trigo y comenzar a cultivarlo, se asentó y comenzó a crear comunidades. A nivel genético, también surgieron modificaciones importantes: desarrolló tolerancia al gluten y a los compuestos del trigo. Al comenzar a pastorear rebaños, el metabolismo y la genética del ser humano comenzaron a modificarse para tolerar la leche y la lactosa. La humanidad ha ido apropiándose, rápidamente, de otros alimentos, introduciendo variaciones que pueden haber permitido la tolerancia y apropiación de estos, pero también haber tenido efecto en el desarrollo de muchas enfermedades.

Dentro del reino animal, para que haya un cambio genético se requieren cientos de años. Sin embargo, nuevos estudios han sorprendido a la comunidad científica demostrando cómo transformaciones epigenéticas sí pueden ocurrir de un momento a otro: muchos estudios aseveraban que los hijos de padres obesos tienen gran probabilidad de desarrollar obesidad. Sin embargo, un estudio realizado en 2015, en hombres obesos sometidos a cirugías bariátricas y que tuvieron una pérdida importante de peso, reveló como los perfiles epigenéticos, antes y después de la cirugía bariátrica, cambiaron con una intensa reprogramación del ADN en la que el gen de la obesidad ya no estaba presente. Esto sugiere que los cambios de estilo de vida y de alimentación sí influyen en la genética; es decir, en la herencia que le pasamos a nuestros hijos.

Una promesa a futuro

El valor que se le da a estas dos ciencias es por la potencialidad que se tiene de moldear las dietas a las necesidades específicas de cada persona, o la posibilidad de modificar estos genes para que no se expresen en las generaciones futuras. Sin embargo, esto todavía no es una realidad.

Saber que se tiene el gen de la obesidad, el que produce intolerancia al gluten, a la lactosa, o la incapacidad para procesar la fenilalanina (presente en los edulcorantes) permite tomar medidas como evitar esos alimentos específicos. Sin embargo, aunque en Colombia ya se hacen ese tipo de estudios, aún no se ha desarrollado una forma de utilizarlos que sea efectiva para las personas porque no se sabe cómo modificar ese gen.

Todo concluye, por el momento, en las recomendaciones que se han vuelto tan comunes, pero que siguen siendo la base para una vida saludable: comer sanamente, evitar los carbohidratos vacíos, las grasas trans, ingerir frutas, verduras y líquido, hacer ejercicio y evitar los excesos y el cigarrillo.

Hacer estos cambios de vida no solo por nosotros, sino por responsabilidad con las generaciones futuras, ya que, si algo se ha aprendido, es que lo que hacemos hoy tiene un impacto en lo que ellos vivirán mañana.

Los fundamentales mil primeros días

Donde la nutrigenética se hace más palpable es durante los primeros mil días de la vida de una persona. Hay consenso médico, y de hecho se ha convertido en prioridad mundial, inclusive en los objetivos de la ONU 2025/2030: la alimentación en los primeros mil días de existencia, es decir, desde la concepción, cuando el óvulo y el esperma se juntan para crear un nuevo ser, pasando por el embarazo y el parto, hasta los dos años de edad, es fundamental para la salud futura de ese ser humano.

Muchos estudios han confirmado que una mala nutrición de la madre o durante los primeros años de vida, resulta en la edad adulta de los individuos en enfermedades cardiovasculares, diabetes o deficiencias en el desarrollo cognitivo. Por ello se hace tanto énfasis en la suplementación de la alimentación en el embarazo, e inclusive antes de que ocurra (en el caso del ácido fólico para prevenir la espina bífida). Los micronutrientes, las vitaminas, los minerales, una nutrición sana y balanceada de la madre y una perfecta alimentación del niño durante esos primeros años de vida pueden prevenir muchas enfermedades a futuro, independientemente de la carga genética que tenga.

Mil días pueden determinar toda una vida de salud o de enfermedad. La nutrición desde la concepción hasta los dos años de edad es fundamental.

El contenido hace parte de la revista 5 sentidos y fue realizado por: Sandro Gómez Maquet, M.D. nutriólogo.