Conectarte con el poder de una función que, en promedio, haces unas 20.000 veces al día de forma automática, trae muchos beneficios. ¡Conócelos!

Respirar: nuestro acto vital por excelencia. Llegamos al mundo oficialmente con una bocanada de aire, la primera de las miles que a partir de ese momento tomamos constantemente y sin interrupciones hasta el último aliento de vida. Pero a la respiración, aunque todo el tiempo está cumpliendo una función esencial, pocas veces logramos percibirla en su inmensidad y obtener todos sus beneficios. 

En ocasiones, cuando bailamos o nos ejercitamos, la escuchamos agitada. Antes de dormir, solemos advertirla serena. Cuando tenemos un resfriado, recordamos su valor. Pero, en el resto de momentos, alrededor de unas 20.000 veces al día, la asumimos de manera automática. De hecho, la experta en respiración Rebecca Dennis le dijo recientemente a la BBC que “a medida que crecemos, respiramos peor”. Esto se debe a que nuestra capacidad pulmonar va en aumento con el paso de los años, así que muchos adultos realizan una inhalación superficial, haciendo los movimientos musculares inadecuados. La solución: volver a hacerlo como los bebés. 

¿Cómo? Activa tus sentidos y comienza respondiéndote estas preguntas: ¿Dónde nace tu respiración? ¿Al inhalar se suben tus hombros? ¿El aire que oxigena tu cuerpo llega hasta tu pecho o hasta tu estómago? Luego de identificar tus costumbres al respirar, repite la acción procurando que sean tu diafragma y abdomen los que se extiendan en cada inhalación, no tu tórax o pecho, sintiendo cómo el oxígeno hace un viaje desde tus fosas nasales hacia todo tu sistema respiratorio, hasta que es liberado como dióxido de carbono de forma suave y lenta. 

La técnica 4 – 7 – 8 es una de las más conocidas y sencillas para entrenar la respiración consciente, y consiste en:

  • Inhalar durante cuatro segundos
  • Sostener el aire durante siete segundos
  • Exhalar durante ocho segundos

Es ideal hacer este ejercicio durante 10 minutos al iniciar el día, en medio de los momentos de estrés o ansiedad y antes de dormir. 

Esta es apenas una de las muchas formas a través de las cuales puedes recibir los beneficios de respirar con atención. Te invitamos a hacer de este ejercicio un hábito de vida, para que el oxígeno que viaja de tu nariz a tus pulmones no solo nutra cada una de tus células, sino que también suavice tu mente y fortalezca tu cuerpo. 

Por milenios, las filosofías orientales han dotado a la respiración de un significado especial, considerándola un flujo de energía purificador. Hoy la ciencia ha demostrado la validez de estas teorías. El médico Jairo Noreña nos cuenta que, aunque “respirar es algo por lo que normalmente no nos preocupamos porque lo aprendemos de manera automática desde la infancia, hacerlo conscientemente trae muchos beneficios: ayuda a regular la presión arterial, reduce la frecuencia cardiaca, disminuye los niveles de ansiedad y estrés, garantiza una adecuada ventilación del pulmón, mejora el sueño y fortalece el sistema inmune”.

De hecho, respirar puede preparar nuestro cuerpo para combatir las infecciones respiratorias y resfriados comunes. El doctor Noreña explica que en el interior de nuestra nariz habitan vellos y cilios que son capaces de contener los virus y las bacterias. Al inhalar nasalmente y no a través de la boca, estos previenen que las enfermedades lleguen a nuestros pulmones. Además, al ejercitar atenta y activamente la respiración, nuestra capacidad pulmonar y cardiovascular mejoran considerablemente, lo cual se traduce en capacidad de recuperarnos más pronto y efectivamente de las enfermedades respiratorias. 

¡Toma y suelta aire con consciencia! Si bien inhalar y exhalar son impulsos involuntarios, como los latidos del corazón, a diferencia de los segundos, podemos controlar, alargar, retener, entrenar y jugar con esta función vital, convirtiéndola en una herramienta poderosa al alcance de todos para cultivar la salud y el bienestar en nuestra vida, mientras nos conectamos con nosotros mismos.

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