Tos seca, insuficiencia renal, cansancio y dificultad para respirar son algunos de los síntomas que debemos tener presentes para identificar un posible contagio de la COVID-19; pero poco se sabe de lo que sucede en nuestro cuerpo durante la enfermedad y qué repercusiones trae para nuestra salud.

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La COVID-19 ha demostrado ser un rival persistente y que no se contenta con infectarnos, si no que también ocasiona una desmejoría general en nuestra salud. Deja secuelas que hacen eco en nuestro organismo después de curarnos y que pueden incluso activar nuevas enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que «en algunas personas, algunos síntomas pueden persistir o volver a aparecer por semanas o meses luego de la recuperación inicial».

Alrededor del 80% de pacientes contagiados, según la OMS «se recuperan de la enfermedad sin necesidad de recibir tratamiento hospitalario. Alrededor del 15% desarrollan una enfermedad grave y requieren oxígeno y el 5% llegan a un estado crítico y precisan cuidados intensivos». Los síntomas, que pueden ser mortales y que están presentes durante la enfermedad, afectan el sistema cardiaco, el sistema respiratorio y el sistema nervioso entre otras afecciones como alteraciones psicológicas.

La duración de los síntomas durante el contagio, según la revista especializada en salud Redacción Médica «tarda un promedio de 30 días en eliminarse del cuerpo después del primer resultado positivo de la prueba y un promedio de 36 días después de que aparecen los primeros síntomas”, sin embargo, es muy importante que haya atención a los pacientes recuperados a largo plazo para garantizar la recuperación completa».

Algunos pacientes que se recuperan pueden presentar efectos secundarios, nuevas enfermedades asociadas a los sistemas que estuvieron comprometidos durante la enfermedad. Gaceta Médica, portal especializado en salud, recopila algunas de las afectaciones a la salud, posteriores a la recuperación por la COVID-19. Estas pueden ser:

  1. Disnea o la sensación de falta de aire que siguen teniendo algunos pacientes después de haber sido dados de alta.

  2. Afectación muscular en muchos pacientes que han sufrido COVID-19 y que puede derivar en la mencionada disnea.

  3. Secuelas neurológicas que pueden contribuir a un déficit de la fuerza muscular, así como un déficit de la función cardíaca.

  4. Fibrosis pulmonares, a veces son extensas y se asocian a la disnea como una de las causas y a veces no, pues en ocasiones son localizadas y no tienen consecuencia sobre los síntomas si no tienen disnea.

  5. Los pacientes suelen recuperarse entre las 2 y 4 primeras semanas. No obstante, puede permanecer un déficit prolongado. De hecho hay pacientes que tardan en recuperar el olfato.

  6. Secuelas cutáneas: Aunque las manifestaciones en la piel no son constantes, existen y son de diferente gravedad e intensidad.

  7. Debido al fenómeno inflamatorio y la hiperreactividad, los servicios de dermatología están registrando muchas urticarias.

  8. El efluvio telógeno o caída de pelo especialmente en la parte superior del cuero cabelludo, se ha convertido también en una secuela propia de la COVID-19 que puede aparecer semanas después de haber superado la enfermedad.

  9. Huella cardiológica: algunos pacientes han presentado miocarditis, otros incluso muerte súbita.

  10. Tromboembolismo: dos secuelas a medio plazo a prevenir son el síndrome postrombótico y la hipertensión pulmonar tromboembólica. Por ello, es importante mantener la profilaxis antitrombótica hasta 7-14 días tras el alta hospitalaria en estos pacientes.

Comprender los alcances de una enfermedad y las medidas que debemos tomar, nos aseguran de vivir con menor incertidumbre ante posibles afectaciones de nuestra salud. Seguros SURA nos acompaña a enfrentar nuestros temores a través de información actualizada y verídica proporcionada por especialistas y profesionales de las ciencias de la salud.

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