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16 diciembre 2019 Blog Sé saludable

Oficios que regresan a las manos

El acelerado desarrollo de las sociedades industriales y la conexión con el mundo en segundos a través de la tecnología, motivó en los últimos años la exaltación de objetos ancestrales y la recuperación de saberes locales que vuelven a ser protagonistas.

Cuatro hechos en el mundo determinan el redescubrimiento del trabajo manual: la crisis financiera en 2008, que provocó la búsqueda de fuentes de ingreso alternativas; el colapso de un edificio repleto de obreros que confeccionaban ropa en Savar (Bangladés) en 2013, que evidenció la precariedad de las condiciones de trabajo de la producción en masa; la búsqueda de antídotos más auténticos a escenarios digitales; y el auge de marcas más humanas que cuentan historias con sus productos, protegen el ambiente y valoran lo bello y lo auténtico.

Hoy lo artesanal está en el arte, el diseño de ropa y calzado, la gastronomía, la decoración, la joyería, el mercado editorial y hasta en ritmos que fusionan beats electrónicos con sonidos autóctonos como lo hace el grupo musical Bomba Estéreo.

Mientras que elementos como el algodón, el mimbre, el cuero, la arcilla o las lanas se convierten en el centro de atención y denotan la calidad y la dedicación en cada detalle, los emprendimientos con este enfoque artesanal ingresan a las denominadas industrias creativas, las que, según el Banco Interamericano de Desarrollo, “tienen clara la importancia del vínculo emocional, del respeto al patrimonio cultural y del impacto social que son capaces de provocar”.

Colombia no ha sido ajena a este movimiento, el cual le aporta a la economía colombiana alrededor de 13,68 billones de pesos anuales, de acuerdo con el Dane. Estos son cuatro ejemplos de este tipo de iniciativas en el país.

La Bestial, geométrica pigmentada

Los tiempos de elaboración de cada pieza de cerámica, la precisa selección del color y la reinvención constante de las formas para elaborar productos atractivos y contemporáneos, son algunos de los atributos que Luis Bernal Aguilar incorpora en su marca, aquella que lleva su propio estilo y que es un resultado de viajes, comidas, películas y libros.

Cuando él piensa en el origen de La Bestial recuerda su estancia en Barcelona hace una década y el encuentro casual con el ceramista catalán Xavier Mañosa, quien lo enamoró del oficio. Llegó a la ciudad española a cursar Diseño de Producto y pronto terminó en una escuela de artes y oficios aprendiendo, experimentando y perfeccionando la técnica que definiría su futuro en Colombia.

Así, en El Retiro, en el oriente antioqueño, montó su taller y sus apuestas fueron desde el principio por la honestidad y por crear cosas que quería ver en su propia casa. Los retos no eran pocos: comprar un horno, enfrentarse a las propiedades de los materiales colombianos y asumir con valentía los primeros fracasos. La Bestial es hoy uno de los talleres más reconocidos en la región, con sede en Medellín y con ventas mensuales de 1.400 piezas, aproximadamente.

Tiene en su portafolio vasos «estripados» y personalizables con marcadores, lámparas «Plató», jarras «Drop» y hasta un set de bebidas de Antioquia, en colaboración con el arquitecto Camilo Restrepo, que reúne una copa para el aguardiente, una taza para el café y otra grande para el chocolate.

“Después de más de siete años amo ser ceramista. Es un buen momento para intentar nuevos saberes, confiar y saber que, como en todo proceso, hay cosas que funcionan y otras que no. El reto es saber reinventarse y continuar con energía”, concluye Luis Bernal.

Instagram: @labestialceramica

Baraka Boutique, iconografía de tocador

Jabones en forma de donas, trufas, corazones, paletas, tortas, osos, muñecos de jengibre o conejos, en cajas de hojalata, de cartón o en bolsita, son hoy el mundo recreado a base de glicerina que se genera de la saponificación, aceites esenciales, aromas y propiedades especiales que ha desarrollado esta marca bogotana bajo el liderazgo de las primas Laura Cristina Quintana y María Paula Cepeda.

Baraka, una adaptación de la palabra «bendición» en hebreo, es sobre todo una herencia de la abuela, quien siempre fabricó sus jabones para el cuerpo y el rostro. Con esta mezcla de saberes locales y la tradición francesa de decorar las áreas sociales con productos de tocador, Laura y María Paula le apostaron a líneas de jabones vegetales que mezclan elementos como caléndula, chocolate, café, lavanda, arroz y verbena.

Pero, además, decidieron trabajar con mujeres cabezas de hogar e, incluso, incluyen kit para regalos con toallas bordadas a mano por ellas. Para Laura Cristina, “esta empresa fue resultado de pruebas y errores. No pretendemos generar necesidades inexistentes, queremos recuperar conocimientos que se habían olvidado para cuidar nuestra piel”. Para el futuro, sus esfuerzos se concentran en mantener su filosofía de no industrializar el proceso, ser sostenibles en el tiempo y seguir haciendo delicados y suavizantes jabones que tardan hasta treinta días en hacerse.

Instagram: @baraka_hogar

Tucurinca, un tributo al Caribe

La silla Acapulco, en la que se sentaron los Kennedy, Elvis Presley y hasta Elizabeth Taylor en los años 50 en México, fue el punto de partida de inspiración de Rafael Zúñiga Lacouture para emprender Tucurinca hace cinco años.

Sin experiencia, pero con la memoria activa de los tejedores que se paseaban en bicicleta por las calles de Santa Marta, Rafael recupera un legado artesanal. Con cuerdas sintéticas, zuncho y cabuya, innova, reinterpreta lo tradicional e involucra los talentos innatos y perfeccionados de artesanos, comerciantes y albañiles para llevar a otro nivel los auténticos muebles caribeños.
En los orígenes de la marca, la realización de una silla tardaba hasta un día. Poco a poco, “el voz a voz” entre familiares, amigos y conocidos de los tejedores, el proyecto fue creciendo y se consolidó con un potencial mercado en otras ciudades de Colombia. El nombre, que viene de un corregimiento de la zona bananera del Magdalena, es también para Rafael un reflejo de lo propio, lo índigena y lo precolombino.

Hoy son 25 personas, entre tejedores, herreros y el equipo de ventas y administrativo, los que hacen y comercializan lámparas de piso y arhuacas, mesas y potes entre otros mobiliarios. “La experiencia nos dice que lo propio tiene cabida en la modernidad, lo hizo Carlos Vives con la música, por ejemplo. Para nosotros, cada resultado es la suma de ideas y de modificaciones hasta quedar satisfechos con lo que vemos”, explica Rafael. El “hecho a mano” en Tucurinca es un homenaje a la tradición caribeña y al trabajo de la gente.

Instagram: @tucurinca

Lina Giraldo Vajillas, color y rústica en la mesa

Cada plato, vaso o accesorio para la mesa y el hogar de este emprendimiento caleño son únicos. Están hechos a mano a base de cemento litone y al frío; son coloridas, imperfectas y hacen parte de algunos de los restaurantes más importantes del país, como el Criterión en Bogotá, o de hogares que se crean o renuevan con productos exclusivos.

Sin embargo, hace algo más de cuatro años esta era solo una idea en la mente de la diseñadora industrial Lina Giraldo, quien después de una temporada en Barcelona, donde estudió en la Escola de Restauració i Hostalatge y trabajó con el equipo del restaurante elBulli, decidió fusionar sus pasiones, el diseño y la gastronomía, en esta apuesta estética y familiar.

Mientras Lina es la directora creativa, su hermana menor, Natalia Giraldo, está enfocada en los negocios, las ventas y el marketing. Y tienen dos artesanos que se encargan de convertir en realidad los pedidos de los clientes. “Nuestra filosofía es realizar una producción manual y sostenible, pero además es el resultado de una investigación en la que encontramos las características ideales para realizar vajillas resistentes, que fueran un deleite para la vista y que acompañaran el placer de los sabores y los aromas de las preparaciones”, explica Natalia.

Además de distribuir sus productos en distintas ciudades de Colombia, ambas decidieron abrir un taller y showroom en el barrio San Antonio, de la capital vallecaucana, donde exhiben sus creaciones y el proceso de prototipo, mezcla y acabado final. Una historia construida con ideas y piedras que invitan a conversar y a reunirse alrededor de la mesa.

Instagram: @linagiraldotaller

“Lo clásico bien hecho y funcional se volvería popular en el consumidor”, advirtió en 2014 la firma de tendencias WGSN.