Un cambio de personalidad puede ser una alarma de que algo no anda bien. ¿Qué puede estar pasando?

Las enfermedades afectan las emociones; un dolor puede volvernos más irritables o más intolerantes; una discapacidad puede llevar a una depresión. Pero el panorama es diferente cuando nos enfrentamos a una enfermedad que lleva a un cambio de personalidad o de comportamiento.

La personalidad es algo estable, tan propio como el color de los ojos, y define, en gran medida, nuestros comportamientos y decisiones. Cuando hay una variación marcada en esos rasgos, sea abrupta o gradual, posiblemente hay un compromiso de la función cerebral y, por lo tanto, hay que tomar medidas rápidas para evitar o atenuar un daño que podría ser grave.

Los cambios en la personalidad, el pensamiento o la conducta pueden ser ocasionados por:

  • Enfermedad mental: trastorno bipolar, esquizofrenia, estrés postraumático, entre otras patologías.
  • Sustancias: alcohol, drogas o como efecto secundario de algunos medicamentos.
  • Envenenamiento: como es el caso del saturnismo, que ocurría en la antigua Roma, por intoxicación crónica por plomo, cuando los utensilios de cocina eran de este material.
  • Traumas, enfermedades del cerebro o por trastornos sistémicos.

Directo al cerebro

Hay enfermedades de rápido inicio, es decir, que los síntomas, los cambios estructurales y de personalidad aparecen de un momento a otro. Pueden ocurrir por:

  • Traumatismos craneoencefálicos: como la conmoción cerebral, en especial que comprometa los lóbulos frontales y el síndrome posconmocional. Hay que tener cuidado con cualquier golpe porque el daño puede no presentarse, inmediatamente, sino luego de días o semanas.
  • Accidentes cerebrovasculares: isquemia cerebral secundaria a trombosis, embolia, o hemorragia intracerebral. Al igual que con los traumatismos, es importante actuar rápido y hacer los exámenes pertinentes para saber qué áreas del cerebro se han comprometido y poder intervenir el daño o evitarlo.
  • Infecciones cerebrales: la meningitis, la encefalitis y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) que afecta al cerebro.
  • Tumores cerebrales: aquellos que, si se encuentran en las áreas que comprometen la personalidad, van a afectarla.

Existen, además, enfermedades en las que los cambios estructurales y la aparición de síntomas es más progresivo:

  • Demencia: en especial, la demencia frontotemporal variante comportamental en la que la persona puede tornarse más rígida cognitivamente, compulsiva, tener problemas de lenguaje, cambios en los hábitos, heteroagresividad, con problemas de memoria, la praxis y pérdida en la capacidad ejecutiva.
  • Esclerosis múltiple: porque afecta cualquier parte del sistema nervioso central. En su estado avanzado, puede presentar euforias o ataques de llanto sin motivo aparente.

Hay tres casos especiales que es importante mencionar:

  • Enfermedad de Parkinson: la persona goza de un estado de consciencia normal, pero se menoscaba su capacidad motriz —síntomas motores— posterior a varios años de síntomas emocionales —no motores—. Esto condiciona que se deterioren sus estados emocionales. Es frecuente la aparición de una depresión, incluso antes de la rigidez o el temblor. Hay que aclarar que no se dan cambios en la personalidad, sino en los estados anímicos.
  • Epilepsia: si un niño tiene epilepsia congénita no se verán estos cambios. Pero si una persona desarrolla epilepsia en la adolescencia o en la edad adulta, sí se pueden determinar ciertos cambios: impulsividad, pobre relación interpersonal, obsesividad, intereses fijos —filosóficos y religiosos—, mayor reactividad, dificultad para adherirse a los cambios, que sean más temerosos, aislados.
  • Episodios de delirio en personas mayores: anteriormente llamado Síndrome Mental Orgánico, ocurre tras una infección, enfermedad o descompensación, o cuando hay desequilibrios metabólicos como alteraciones electrolíticas. Se caracteriza por cambios de los ciclos de sueño y vigilia, alucinaciones y modificación en la conducta. Sin embargo, mejoran cuando la enfermedad o el desequilibrio de base se corrige. Son variaciones en la conducta y en los estados de ánimo, pero no en la personalidad. Hay delirios refractarios que no mejoran y se relacionan con condiciones mucho más graves.

Signos de que algo no anda bien

Si se detecta alguno de estos cambios en una persona se debe estar alerta:

  • Síntomas de aparición súbita.
  • Intentos de autolesionarse o lastimar a otras personas.
  • Fiebre.
  • Cefalea.
  • Dificultad para caminar, mantener el equilibrio o hablar.
  • Torcedura de boca o parálisis facial.
  • Confusión mental: es una alteración en la consciencia que hace que quien la sufre no sepa dónde se encuentra, no logre adaptarse a su entorno, no pueda responder coherente y adecuadamente a una situación y, en algunos casos, no logre, ni siquiera, dar su nombre o estado y situación actual.
  • Delirio: son creencias falsas fijas, a pesar de la evidencia en contra de esas creencias, como interpretación errónea a las percepciones y las experiencias reales.
  • Discurso o comportamiento desorganizados: se identifican porque las palabras o los comportamientos no contienen las conexiones lógicas esperadas entre los pensamientos, las situaciones o entre preguntas y respuestas. Los temas y las reacciones pueden ser totalmente inconexas.
  • Alucinaciones: consiste en ver, oír, oler, saborear o sentir cosas que no están allí, es decir, percibir estímulos que no son realmente producidos por algo externo.
  • Estados de ánimo extremos: hay personalidades que reaccionan por naturaleza en forma extrema. Pero, en una persona que ha sido generalmente equilibrada, arrebatos de ira súbitos, euforia extrema o depresión profunda deben ser asumidos como signos de alarma.
  • Comportamientos extraños en la persona: gran extroversión en personas que han sido tímidas o aislamiento en personas extrovertidas. Iras súbitas en alguien de temperamento tranquilo o apatía en alguien que por naturaleza ha sido reactiva.

¿El microbiota afecta la personalidad?

Tres familias grandes y diferentes, millones de bacterias, viven en el sistema gastrointestinal. Es lo que se conoce como el microbiota. Fuera de tener un papel fundamental en la forma en que digerimos los alimentos y en mantener a raya las bacterias «malas» que puedan afectar al organismo, hoy se sabe que pueden influir en condiciones psiquiátricas como los estados de ansiedad o la depresión.

¿Raro? No tanto. A nivel embrionario, el cerebro y el intestino tienen el mismo origen y, de hecho, el sistema digestivo es uno de los mayores productores de neurotransmisores —como la serotonina, la precursora de la dopamina, la hormona del placer— y de hormonas. Por ello se le llama el «segundo cerebro».

Esto no significa que los probióticos puedan reemplazar una terapia, pero sí pueden mejorar la absorción de los medicamentos, influir favorablemente en los estados de ánimo y en la condición general de la persona.

La estructura de la personalidad

Se forma hacia la parte anterior del cerebro, entre la amígdala y el sistema estratofrontal, es decir, del estriado hacia el lóbulo frontal, con la intervención de varios ganglios o núcleos basales.

A grandes rasgos:

  • La amígdala cerebral realiza acciones vitales para el procesamiento y el almacenamiento de las reacciones emocionales, para el aprendizaje emocional, el sistema de recompensa y se encuentra relacionado con las adicciones. Se encarga, además, de modular la memoria y permite el desarrollo de la cognición social.
  • El putamen se relaciona con el desarrollo de sentimientos, específicamente de amor y odio.
  • El globo pálido transmite la información hacia el tálamo.
  • El accumbens desempeña actividades relacionadas con los procesos emocionales y la elaboración de sentimientos, especialmente de placer, recompensa, miedo, agresión o adicción.

Nunca los cambios conductuales, cognitivos o comportamentales en personas mayores son normales; pueden ser signo de un derrame cerebral, una isquemia o un tumor.

Hay que tener cuidado con las personas mayores después de una caída; puede haber un sangrado secundario al trauma que, aunque no sea notorio inicialmente, puede manifestarse días o semanas después.

El contenido hace parte de la revista 5 sentidos y fue realizado por: Alejandro Villarraga Peña; M. D. neurólogo, y Sandro Gómez Maquet; M. D. nutriólogo.

 

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