Involucrarse en la preparación de los alimentos permite que tengamos mayor conciencia sobre nuestra dieta. 

Una buena alimentación se traduce en múltiples beneficios para el organismo. La comida que elegimos día a día tiene impacto en la energía con la que desempeñamos actividades cotidianas y en nuestro bienestar físico y mental. Incluso, varias de las enfermedades crónicas más conocidas, como la obesidad o el cáncer, suelen estar relacionadas con la nutrición.

Sin embargo, iniciar el recorrido hacia una alimentación saludable y consciente no es fácil. En medio del sinfín de consejos dietarios que se encuentran en internet y de los mitos que oímos decir constantemente a conocidos, podemos encontrar datos que nos lleven a afectar nuestro organismo y alejarnos cada vez más del objetivo principal: aprender a comer.

Para eso es importante definir conceptos básicos que escuchamos al abordar dicha temática, pero que quizás no son tan obvios como parecen. Teniendo esta claridad, puedes iniciar una exploración que te permita alcanzar objetivos realistas y que se traduzcan en bienestar. A continuación, los más importantes:

Alimentación saludable: siendo el concepto principal, es todo lo que consumimos durante el día y que debe contar con variedad de grupos de alimentos. Igualmente, incluye los actos voluntarios que van desde la elección hasta la preparación e ingesta de los alimentos.

Alimento: son todas las sustancias que ingerimos y que cumplen una función en el cuerpo.

Apetito: estado consciente caracterizado por el deseo de comida producido por la vista, el olor, el gusto o la idea concebida que tenemos de los alimentos. Este se suprime después de comer.

Grupos alimenticios: es una clasificación que nos permite agrupar los alimentos de acuerdo con sus nutrientes y funciones. Los encontramos en la naturaleza. Una alimentación saludable requiere que incluyamos la mayor cantidad de estos grupos.

Dieta: a diferencia de lo que muchos creemos, se trata de todos los alimentos que consumimos diariamente.

Nutrición: es un proceso autónomo en el que el alimento ingresa al cuerpo, se digiere, se absorbe y se excreta.

Metabolismo: suma de todos los cambios físicos y químicos de los nutrimentos absorbidos en el aparato gastrointestinal que tienen lugar en las células del organismo, mediante el cual ocurre la oxidación de dichas substancias alimenticias con el fin de proveer energía para el mantenimiento de la vida.

Macronutriente: son sustancias como los carbohidratos, las proteínas y grasas. A partir de ellos, el organismo obtiene energía para realizar funciones fisiológicas y actividad física.

Micronutriente: son sustancias que el organismo requiere en pequeñas cantidades, pero que son necesarias para mantener un buen estado de salud. En este grupo están las vitaminas y minerales.

Tener claridad sobre estas definiciones generales solo es el primer paso. Este y otros datos se convierten en herramientas que nos permiten tomar mejores decisiones a la hora de alimentarnos y hacerlo de manera saludable y consciente. Con esto lograremos acercarnos al equilibrio y el bienestar que, finalmente, están en nuestras manos.

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