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24 septiembre 2020 Blog Revista Geociencias SURA

Naturaleza de los huracanes y mitigación de sus impactos

Que pasen varios años sin huracanes no nos debe llevar a bajar la guardia. La preparación es clave para gestionar mejor los riesgos asociados a este fenómeno natural que cada año tiene una temporada típica, comprendida entre los meses de junio y noviembre, para la región del Atlántico norte y el Pacífico noreste. 

* Este artículo fue publicado en la Revista Geociencias SURA | Edición 1 | Noviembre de 2016.

 

“La gente debe prepararse así pronostiquen un huracán o veinte”, dice el Ph.D. Lixion Ávila, Especialista Senior del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, al enfatizar en el punto central de la gestión ante estos fenómenos: es necesario tener siempre un plan de acción. 

La “sequía” de este tipo de eventos en la región, como la vivida en el estado de la Florida, que no se vio impactado por huracanes por un periodo de 10 años entre el huracán Wilma en octubre del 2005 y el paso del huracán Matthew en el mismo mes del 2016, no nos debe llevar a bajar la guardia, ya que parte de nuestra región se puede ver afectada en cualquier momento por este tipo de amenazas. 

 

¿Qué es un huracán?

Los términos huracán, depresión y tormenta están asociados a una manifestación meteorológica denominada ciclón. Estas manifestaciones se caracterizan por la circulación cerrada alrededor de un núcleo central caliente de baja presión, también llamado ojo. En general, estos eventos ocurren en el trópico, donde las aguas superficiales del océano pueden alcanzar mayores temperaturas; por esta razón se conocen como ciclones tropicales. Pueden durar varios días y producen efectos derivados como lluvias torrenciales y oleajes fuertes. 

Dependiendo de la zona donde se presente, recibe una denominación diferente. Si ocurre en la cuenca del Atlántico norte o en el Pacífico noreste, se denomina huracán. En otras zonas del mundo, como es el caso del Pacífico este, se denomina tifón. Es importante precisar que estas denominaciones se derivan de las lenguas nativas de las regiones de origen. 

La intensidad del ciclón aumenta en función del incremento de la velocidad del viento y la disminución de la presión en el núcleo central. Se clasifica usando la escala Saffir-Simpson, que para los huracanes varía desde categoría 1 (ciclón más débil) hasta categoría 5 (ciclón más fuerte). 

Los ciclones tropicales se originan a partir de perturbaciones atmosféricas: un conjunto de varias tormentas en una atmósfera cargada de humedad. Las perturbaciones que dan origen a la mayoría de los huracanes que afectan la cuenca del Atlántico se conocen como ondas del este, nacen en el continente africano debido al contraste entre el aire seco y cálido del desierto del Sahara y la humedad de la costa de Guinea.

Estos sistemas de tormentas atraviesan el océano Atlántico con dirección oeste, hacia el continente americano, generando a su paso regiones de bajas presiones atmosféricas, cuando el aire cálido de la superficie del océano se eleva a grandes alturas, donde se enfría y se condensa posteriormente. 

Con las condiciones propicias estas perturbaciones pueden intensificarse y dar origen a una depresión tropical, la cual es la etapa inicial de la formación de un huracán. Para ello, es necesario que se presenten las siguientes situaciones: 

  • Baja presión atmosférica. 
  • Temperatura media de 26.5°C sobre la capa superficial del océano (profundidades menores a 15 metros). 
  • Debilitamiento de los vientos alisios. 

De manera muy general, cuando la temperatura media superficial del océano se encuentra alrededor de los 26.5°C, el calor es transferido a la atmósfera mediante el aumento de la tasa de evaporación. Cuando esta transferencia de energía entre el océano y la atmósfera se da durante el paso de una perturbación atmosférica en el Atlántico, las bajas presiones asociadas a este sistema decaen aún más y es en este punto donde comienza el proceso de formación de una depresión tropical: el aire se mueve desde las zonas de alta presión hacia las zonas con bajas presiones. 

Este flujo, afectado por el movimiento rotacional de la Tierra, posibilita el mecanismo de circulación de la masa de aire que comienza a organizarse en forma de espiral alrededor del centro de bajas presiones. A partir de este proceso, y dependiendo de la disponibilidad de energía calórica en el océano, estos sistemas, que convierten el calor en energía mecánica, pueden intensificarse hasta llegar a su máxima categoría. 

 

¿Para qué monitorear un huracán?

El Ph.D. Lixion Ávila explica que el Centro Nacional de Huracanes hace parte del Servicio Meteorológico de los Estados Unidos, y es delegado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), para emitir todos los avisos de ciclones tropicales, desde África hasta cerca de Hawái, incluyendo las islas del Caribe. 

La misión principal de esta entidad es proteger la integridad de las personas, mitigar los daños y mejorar la eficiencia económica a través de: 

  • Emisión de alertas y pronósticos. 
  • Análisis de condiciones meteorológicas tropicales severas. 
  • Avances en el conocimiento de estos fenómenos. 

Existe un sistema de alertas y monitoreo de ciclones tropicales que es coordinado por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos y al que pertenecen los servicios meteorológicos de otros países.

Para el monitoreo de la formación y el desarrollo de huracanes, existen diferentes herramientas:

  • Sistema de monitoreo de boyas o estaciones flotantes con instrumentos de medición de variables atmosféricas y oceánicas.
  • Aviones caza huracanes, cuya misión es sobrevolar el núcleo central caliente, realizar inspección visual y recolectar datos meteorológicos. 
  • Seguimiento satelital permanente de las condiciones atmosféricas. 
  • Observadores en tierra que recopilan y analizan información de las estaciones meteorológicas localizadas en suelos continental e insular.

 

¿Cómo pronosticar un huracán?

Las condiciones meteorológicas hacen que cada año se presente una temporada ciclónica, típicamente entre el 1 de junio y el 30 de noviembre, que impacta principalmente a los países de Centroamérica y el Caribe. Entre estas fechas se produce el inicio de la estación cálida (verano) para el hemisferio norte y, a su vez, comienza el debilitamiento de los vientos del este en la superficie, creándose condiciones apropiadas para la formación de ciclones. 

Con el fin de realizar los pronósticos de las trayectorias e intensidades de los huracanes, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos utiliza más de treinta modelos que varían ampliamente en su nivel de complejidad y estructura, los cuales se clasifican así:

  • Modelos numéricos o físicos: realizan el pronóstico de las trayectorias e intensidades de los huracanes a partir de la solución matemática de las ecuaciones físicas que representan el movimiento de la atmósfera. 
  • Modelos estadísticos: se basan en la relación existente entre las tormentas históricas y algunos detalles específicos de una tormenta particular, sin considerar la física atmosférica. 
  • Modelos estadísticos – dinámicos: permiten realizar el pronóstico a partir del comportamiento de una tormenta determinada y de las variables físicas del medio obtenidas de modelos dinámicos.

A partir de estas clases de modelos, es posible realizar dos tipos de pronósticos:

  • Estacional: se elabora anualmente, antes del inicio de la temporada, con datos históricos de las tormentas tales como intensidades en términos de categoría, presión, velocidad de los vientos y trayectorias según las condiciones del océano y los fenómenos macroclimáticos. 
  • Operativo: comienza a partir del momento en que se forma la perturbación atmosférica, y ofrece información a medida que esta evoluciona. Suministra un pronóstico a tres días que se actualiza diariamente, con la trayectoria e intensidad de los vientos. 

Sobre los pronósticos, el Ph.D. Lixion Ávila explica: “Los desarrollos tecnológicos aplicados a la investigación han avanzado significativamente en los últimos 30 años. Hace 20 años emitíamos un pronóstico de tres días y podía tener un error medio en la trayectoria del huracán de 480 km. En la actualidad, el error medio de un pronóstico es de 160 km o menos”.

 

¿Cuáles son los riesgos y amenazas  de un huracán? 

A los ciclones se asocian amenazas de viento, marejada ciclónica y lluvias torrenciales. 

Vientos: además de los vientos fuertes que pueden superar los 250 km/h, los huracanes y tormentas tropicales pueden producir tornados que se forman alejados del núcleo del ciclón. 

Marejada ciclónica: es un aumento anormal del oleaje generado por un ciclón tropical. 

Lluvias torrenciales: las bandas de lluvia de estos sistemas pueden generar precipitaciones acumuladas de hasta 1000 mm en un día, lo cual puede causar inundaciones. 

 

Suramericana se encuentra, actualmente, implementando un servicio de alertas para aquellos clientes con instalaciones ubicadas en zonas de alto potencial de afectación por ciclones. Incluye información específica y detallada de las previsiones meteorológicas según la región donde se localicen, teniendo como base los boletines emitidos por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos y otras entidades oficiales de investigación y monitoreo.

 

Respecto a la previsión que se debe tener frente a las amenazas asociadas a los ciclones tropicales, el Ph.D. Lixion Ávila comenta: “La recomendación que nosotros hacemos a las comunidades de nuestra zona es que, antes de que comience la temporada, se debe revisar el plan de acción definido por las autoridades respectivas en caso de huracán, que varía de una zona a otra”. 

Las acciones que se deben seguir no son iguales en un lugar propenso a inundación, en una isla de bajo relieve topográfico o en una de alto relieve, por eso se recomienda estar atentos continuamente a los avisos emitidos por los servicios meteorológicos de cada país. 

La gestión de este tipo de riesgos debe trascender de un ámbito de protección de la vida a uno de protección de los bienes, continuidad de los negocios y capacidad de resiliencia. Esta gestión comprende: 

  • Identificación y cuantificación de las amenazas directas y asociadas a este fenómeno, como vientos, lluvias torrenciales y marejadas ciclónicas, en las zonas de interés.
  • Evaluación de la vulnerabilidad de las personas, bienes, sistemas productivos e infraestructura vital.
  • Priorización basada en cuantificación monetaria de los aspectos que controlan la gestión de los riesgos asociados a estos fenómenos desde diferentes perspectivas —sociales, empresariales y gubernamentales—, y que comprenden aspectos tales como la salud y seguridad de las personas, la operación de infraestructura de carácter indispensable del abastecimiento de bienes y servicios, la continuidad de los procesos productivos y la prestación de bienes y servicios, que integralmente conducen a la sostenibilidad del desarrollo económico.

 

¿Cómo se nombran los huracanes?

El Ph.D. Lixion Ávila explica que los nombres se seleccionan a partir de un consenso que se da en la Organización Meteorológica Mundial, cuya sede permanente es Ginebra, Suiza. Esta organización establece un listado de los nombres para los posibles eventos que ocurrirán en los próximos seis años, usando los tres idiomas principales en la región: español, inglés y francés. A cada temporada anual, se asignan los nombres en orden alfabético, a medida que se originan los eventos. 

Tradicionalmente, los nombres asignados a los huracanes correspondían al género femenino, sin embargo, a partir de 1979, se adoptaron nombres tanto femeninos como masculinos. Los nombres de los huracanes que mayor destrucción han causado no se incluyen en futuras listas de posibles eventos. 

Fuentes

  • Lixion Ávila. Especialista senior en huracanes en el Centro Nacional de Huracanes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). M.Sc. y Ph.D. en Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Miami.
  • Referencias. Philip J.W. Klotzbach. Department of Atmospheric Science Colorado State University (www.tropical.colostate.edu).