El ENSO es un fenómeno de variabilidad climática. Su ocurrencia —en cualquiera de las dos fases: El Niño o La Niña— produce efectos distintos, y a veces imprevisibles, en diferentes regiones del continente y del mundo. Conocer a tiempo las perturbaciones climáticas asociadas a cada fase permite tomar decisiones inteligentes, para un desarrollo planificado que proteja a las comunidades y sus medios de vida. 

* Este artículo fue publicado en la Revista Geociencias SURA | Edición 1 | Noviembre de 2016.

 

¿Qué es el ENSO, cómo se manifiesta y cuáles son sus características?

En variabilidad climática a menudo se habla de dos fenómenos conocidos como. El Niño y La Niña. Ambas manifestaciones forman parte de uno solo: el ENSO, por sus siglas en inglés (El Niño Southern Oscillation) o, en español, ENOS (El Niño Oscilación del Sur). 

El ENSO es un fenómeno de variabilidad climática que incide significativamente sobre la dinámica de los vientos atmosféricos y los patrones de precipitación en el trópico, causado por la elevación o disminución en la temperatura promedio de la superficie del océano Pacífico ecuatorial. 

Este fenómeno se presenta debido a la interacción entre el océano y la atmósfera sobre el Pacífico ecuatorial. Dependiendo de su fase, ciertas regiones del océano Pacífico ecuatorial incrementan su temperatura superficial, produciendo el ascenso de aire cálido hacia la atmósfera, el cual, al condensarse, puede generar un aumento considerable de lluvias en ciertas regiones.

La intensidad del ENSO puede clasificarse en tres niveles: débil, moderado y fuerte. Para estimar cada nivel de intensidad, existen diferentes índices macroclimáticos que se construyen a partir de la comparación de variables climáticas observadas en diferentes regiones del océano Pacífico ecuatorial, tales como temperatura superficial del océano, presión atmosférica, velocidad del viento superficial y cobertura de nubes. 

Debido a que cada índice se construye a partir de la observación de diferentes variables climáticas, los valores obtenidos pueden variar entre sí, por lo que la intensidad final de cada evento ENSO se define mediante un consenso realizado por expertos pertenecientes a entidades como la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA), el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) y el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI), además de otras entidades alrededor del mundo, coordinadas por la Organización Meteorológica Mundial. 

 

Suramericana realiza un monitoreo continuo del pronóstico estacional (trimestral) del ENSO, que generan las agencias internacionales y nacionales delegadas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), con el fin de informar oportunamente a sus clientes la probabilidad de desarrollo del fenómeno.

 

¿Por qué sus efectos se perciben diferente en América Latina?

El ENSO es un fenómeno macroclimático que sumado a otras variables climáticas, geográficas y topográficas, tales como la cercanía de un lugar determinado al trópico, la configuración orográfica, la cercanía a la cuenca del Amazonas, y las corrientes oceánicas del Pacífico, incide en la dinámica del comportamiento climático local. 

El fenómeno ENSO es altamente complejo y, aunque su probabilidad de ocurrencia puede pronosticarse, su duración e intensidad son difíciles de predecir y sus impactos dependen de las condiciones climáticas particulares de cada país. 

Es importante estar enterado de los efectos climáticos que causa este fenómeno en cada región y de su probabilidad de ocurrencia. Para ello, las agencias encargadas monitorean permanentemente el estado oceánico-atmosférico y disponen de canales de comunicación para informar y ofrecer los elementos esenciales que permiten planificar las acciones a seguir por los diferentes sectores, en caso de desarrollarse El Niño o La Niña, con el fin de mitigar sus impactos. 

 

¿Por qué se llama el fenómeno de «El niño»?

Durante la fase cálida del ENSO (El Niño), las temperaturas superficiales sobre el océano Pacífico ecuatorial alcanzan sus valores máximos en el mes de diciembre. Este hecho incide directamente en la estructura térmica del océano, especialmente en el Pacífico este, sobre las costas peruanas, donde se inhibe la mezcla de las aguas superficiales con las profundas, lo que evita que los nutrientes emerjan a las capas superficiales desde el lecho marino. Por esta razón, gran parte de la fauna marina migra hacia otras regiones a buscar alimento. 

Los primeros en notar esta situación fueron los pescadores de las costas peruanas, quienes asociaron el fenómeno con el nacimiento de El Niño Dios debido a la época en la cual se presentaba esta anomalía, razón por la cual comenzaron a referirse al fenómeno como El Niño. La comunidad científica adoptó este nombre para la fase cálida del ENSO, y nombró la contraparte del fenómeno (fase fría) como “La Niña”. 

 

¿Cómo se comporta en ENSO?

El fenómeno muestra sus primeras señales en la variación de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial, aproximadamente en el trimestre marzo – abril – mayo (MAM), se fortalece en el periodo comprendido entre junio y noviembre, y alcanza su máxima intensidad aproximadamente en el mes de diciembre, momento en el cual se comienza a debilitar. 

La variación de las temperaturas medias mensuales del océano Pacífico ecuatorial, no inciden de manera inmediata en las perturbaciones climáticas de cada región donde se perciben los efectos de este fenómeno. Los descensos o aumentos en las precipitaciones medias pueden tardar algunos meses después de las señales del ENSO en el océano, dependiendo de la ubicación geográfica de cada región. 

El ENSO exhibe un ciclo irregular, lo cual significa que sus fases no siempre son alternas, es decir, no necesariamente una fase El Niño es seguida de una fase La Niña y viceversa. Un ejemplo de la irregularidad que puede presentar la ocurrencia de cada una de sus fases es el periodo La Niña ocurrido en el año 2010 – 2011, de intensidad moderada, el cual fue seguido por otro periodo La Niña en el 2011 – 2012, de intensidad débil. 

 

ENSO y cambio climático

El oceanógrafo Rodney Guillermo Martínez Güingla, director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), explica que la comunidad científica aún mantiene un debate abierto sobre el comportamiento del ENSO asociado al cambio climático y esto se ha hecho evidente en las últimas discusiones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

Sin embargo, un hecho tangible que hace que se perciban más los efectos del fenómeno —y que nos hace más vulnerables a sus efectos— es el desarrollo no planificado de la sociedad. 

La ganadería extensiva, el asentamiento de la población en las ciudades de manera desordenada y en zonas de riesgo, así como la desinformación, entre otros aspectos, hacen que, al tener temporadas de precipitaciones intensas o de sequías prolongadas, se perciban más las consecuencias. 

 

Viabilidad de los efectos

Cuando hablamos del ENSO, encontramos que cada evento asociado a su fase cálida o fría puede presentar diferentes características en cuanto a su duración y severidad, razón por la cual las repercusiones climáticas de una temporada con el desarrollo de la fase El Niño, en cierta región, no son las mismas que podría generar otra temporada asociada a la misma fase. 

Con relación a sus impactos, el fenómeno presenta un comportamiento diferenciado por regiones, incluso dentro de un mismo país. Por ejemplo, la fase El Niño genera excesos de precipitación en la costa peruana y un aumento de la temperatura del aire en la región andina. En Colombia, su comportamiento también es diferenciado, debido a que en la región andina hay un descenso marcado en las precipitaciones respecto a otras zonas del país. 

Si nos referimos a países como Argentina, Uruguay Chile o Brasil, debemos explicar que, por sus características geográficas y el debilitamiento de los vientos alisios, es de esperar que se produzcan más lluvias cuando nos encontramos en la fase cálida (El Niño). 

“Los efectos del ENSO se perciben con mayor intensidad en el norte de Suramérica que en el sur. Dependiendo de la región geográfica, los efectos varían. En Colombia, La Niña genera un aumento en las precipitaciones que causan inundaciones y deslizamientos; mientras que en Chile y en grandes zonas de las cuencas del Río Paraná y del Río de La Plata las sequías se intensifican”, explica el Ph.D. Germán Poveda, experto en hidroclimatología y cambio climático y profesor investigador de la Universidad Nacional de Colombia. 

 

¿Cuáles son los sectores más afectados por el ENSO?

De acuerdo con la apreciación del Ph.D. Poveda, todos los sectores productivos se pueden ver impactados positiva o negativamente por este fenómeno; por ejemplo, los sectores agropecuario, pesquero, energético, turístico y de salud, entre otros. 

Por esto, es muy importante conocer en tiempo real el estado de las variables climáticas que definen El Niño o La Niña, para mitigar sus efectos negativos mediante planeación urbana e implementación de medidas de protección, y para potencializar los efectos positivos en oportunidades de negocios y desarrollo económico. 

 

Decisiones hidroclimáticas inteligentes

El oceanógrafo Martínez, recalca que es vital asimilar el concepto de desarrollo climáticamente inteligente. “Eso conlleva que la información hidroclimática debe ser una entrada más para el árbol de decisión de los gobiernos nacionales y locales, así como para los líderes empresariales que quieran mantener su competitividad en el mercado y tener actividades económicas sostenibles. Por supuesto, esto implica mantenerse informado para tomar decisiones a tiempo”. 

El objetivo es buscar soluciones que permitan tomar decisiones oportunas, porque América Latina debe transitar hacia el camino de la planeación estratégica, “de lo contrario estaremos improvisando en todo momento y, desde el punto de vista productivo, esto implicaría pérdidas y poca resiliencia en la actividad económica”, explica. 

 

Gestionar el riesgo y las oportunidades, un desafio

De acuerdo con el oceanógrafo Martínez, es necesario adquirir cultura frente al pronóstico, la mitigación y la preparación ante este tipo de eventos. “Tenemos el desafío de prepararnos adecuadamente para los efectos del ENSO, ese es el concepto de la gestión de riesgo, más cuando somos tan vulnerables”. Su lógica es simple: “Si se toma en cuenta ese principio de precaución, estaremos preparados en caso que se presente o no el fenómeno, y tendremos un territorio listo para afrontar las consecuencias del mismo”. 

Los diferentes sectores productivos deben procurar tomar acciones tempranas que permitan mitigar los impactos negativos que puede generar cualquiera de las fases del ENSO. Sin embargo, estas medidas no deben limitarse solo a gestionar el riesgo de daños materiales directos, sino también a considerar el riesgo de las cadenas de abastecimiento (que comprenden proveedores, infraestructura, logística y clientes, entre otros) para tomar decisiones de carácter preventivo y garantizar la sostenibilidad de los negocios. 

Un punto interesante en la discusión es que no todos los impactos del ENSO son negativos, como es el caso de El Niño para la industria turística del Caribe, debido a la disminución de huracanes, lo que invita a reflexionar sobre la forma en que pueden aprovecharse esas condiciones “y no solo anticiparse a las posibles pérdidas, sino también beneficiarse de la predicción del fenómeno”, como menciona el Ph.D. Germán Poveda. 

Por consiguiente, es posible tomar decisiones inteligentes respecto a la manera como se gestionan los negocios, al tener la posibilidad de conocer a tiempo las perturbaciones climáticas asociadas a cada fase del ENSO. 

Fuentes

  • Rodney Guillermo Martínez Güingla. Oceanógrafo, director internacional del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), oficial de la Marina del Ecuador en servicio pasivo. 
  • Germán Poveda Jaramillo. Ph.D. en Ingeniería de Recursos Hídricos, de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de Colorado. Profesor titular de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia. 
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