La construcción del tejido social depende de las posibilidades que tenemos para encontrarnos, intercambiar ideas, proponer, hacer. Nuestras acciones cambian el entorno que habitamos y promueven el progreso urbanístico que se configura para garantizar, además, el desarrollo de nuestra personalidad, comunidad y sociedad en el espacio público cuando éste está diseñado con y para nosotros los ciudadanos.

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La vida en la urbe está atravesada por las dinámicas que cada persona desarrolla en sus actividades cotidianas y que comparte con otros. El desarrollo de los centros urbanos sólo es posible si la planeación y diseño de ciudad se centran en las necesidades humanas y en posibilitar la expresividad y realización de cada uno de sus habitantes.

Cuando esto sucede se crean condiciones que acercan a las personas entre sí. Posibilita mayor interacción, más saludos, mayor cooperativismo e intercambio cultural. Las ciudades que destinan zonas peatonales, adecuan los espacios públicos para el encuentro social, la recreación, el ocio, el ser y el estar; nos reúne en comunidad y logramos interactuar más en dinámicas más diversas en el entorno. Afirma el Banco Mundial :

«La planificación, el financiamiento y la gestión sostenibles de los espacios públicos, centrados en las personas, son la clave para liberar el potencial de las ciudades y construir urbes habitables, resilientes y competitivas para todos».

El equilibrio entre realización social y personal, con el progreso y desarrollo de una ciudad, permite «superar la sectorización de intereses y posiciones, el trabajo en red se torna estratégico. Ese trabajo en red permite diferenciar, reconocer, incorporar a nivel local nuevas potencialidades y promover el movimiento social de las organizaciones comunitarias para que adquieran visibilidad en el tejido social» según el Banco Iberoamericano de Desarrollo (BID).

El comercio, las horas frecuentes de algunos ciudadanos para conectar en conversaciones, espacios de juego, zonas de interacción y en el espacio habitado cuando estamos en él con un ritmo nada acelerado, nos acerca a identificar elementos que dan sentido y nuevos significados al espacio y éste se ve traducido en calidad humana y tejido social. en este sentido, indica el Banco Mundial:

«Las ciudades que crean y gestionan correctamente grandes espacios y lugares cosechan las recompensas del enorme valor que se genera, y que incluye beneficios ambientales y sociales y va más allá de los beneficios económicos».

Habitar la ciudad a otro ritmo, mientras los gobiernos locales así lo permitan, generan mayor comunidad al proporcionar un ambiente de intercambio, interacción y frecuentación que se tornan naturales entre las dinámicas de ciudad y ésto, a su vez, proporciona nuevas formas de percibir la vida, tornándose la ciudad parte de nuestra naturaleza; pues la urbe puede moldearse a lo que somos y nosotros realizarnos en ella.

Desarrollar nuestra vida con cada espacio nos motiva a defender, cuidar y promover espacios más acordes a nuestra naturaleza social y psicológica; pues nuestro entorno también promueve el desarrollo de lo que somos. Con seguros SURA podemos conocer las tendencias sobre nuestro hábitat y recibir acompañamiento de especialistas y expertos que nos orientan para asegurarnos de vivir nuestro espacio y construir tejido social en él.

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