Los huracanes son fenómenos extremos recurrentes que hacen parte de la dinámica propia del planeta, son reguladores naturales del clima y estabilizan su temperatura. Sin embargo, eventos como los ocurridos con el huracán María, durante 2017, nos dejan importantes enseñanzas que se convierten en oportunidades para la gestión, reducción del riesgo y desarrollo de ciudades más seguras y resilientes. 

* Este artículo fue publicado en la Revista Geociencias SURA | Edición 4 | Diciembre de 2018. 

 

El ciclón tropical María se originó a partir de una onda tropical del este que partió de la costa de África (Cabo Verde), hacia el océano Atlántico el 12 de septiembre de 2017, convirtiéndose en tormenta tropical el 16 de septiembre, y 24 horas después se intensificó a huracán categoría 1 según la escala de Saffir-Simpson.

María se intensificó de manera rápida y se convirtió en huracán categoría 5 antes de llegar a la isla de Dominica en la Antillas Menores. El 20 de septiembre entró a Puerto Rico, con vientos máximos de 250 km/h, y emergió en el Atlántico ya debilitado con vientos de 175 km/h. El sistema mantuvo el estatus de gran huracán hasta el 24 de septiembre y se disipó en el Atlántico Norte el 2 de octubre.

 

Contexto histórico de huracanes en el Caribe 

El alto nivel de amenaza por ciclones tropicales en Centroamérica y el Caribe es evidente a partir del registro histórico de huracanes, disponible en el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, que data de 1851.

Debido a sus características geográficas, los países costeros localizados en esta región se encuentran en la zona de influencia de ciclones tropicales, los cuales, en su mayoría, y en especial los más intensos (85% de los grandes huracanes), se forman a partir de ondas tropicales del este que viajan desde África hasta Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, también existen ciclones que se forman a partir de perturbaciones atmosféricas originadas en el Caribe americano.

La formación de estas tormentas, y su intensificación a huracán, se presenta en las aguas cálidas tropicales y en condiciones atmosféricas especiales, con humedad elevada y vientos relativamente similares entre la parte alta y baja de la tropósfera (primera capa atmosférica).

Su eventual disipación ocurre comúnmente sobre las aguas más frías del Atlántico Norte o cuando los ciclones tocan tierra y se alejan de la fuente de energía que representa el océano.

La temporada oficial de huracanes del Atlántico, que abarca los ciclones que ocurren en el Océano Atlántico, Golfo de México y Mar Caribe, comienza el primero de junio y termina el 30 de noviembre. De acuerdo con la Administración Oceanográfica y Atmosférica de Estados Unidos (NOOA: National Oceanographic and Atmospheric Administration), en la cuenca del Atlántico entre 1966 y 2009 se presentan en promedio 11 tormentas tropicales por año aproximadamente, seis de las cuales se convierten en huracanes, y dos de estos en huracán categoría 3 o superior.

Debido a la trayectoria que presentó el Huracán María por el Océano Atlántico, sus efectos se sintieron con mayor intensidad en Dominica y Puerto Rico, siendo este último donde ocasionó un mayor número de pérdidas en vidas humanas y materiales.

El paso de María por la isla de Puerto Rico dejó afectaciones en redes de servicios básicos como energía, agua y telecomunicaciones. Según reportes oficiales, el paso de María por Puerto Rico impactó entre el 80% y el 90% de la infraestructura de energía eléctrica en la isla. 

Sin embargo, más allá del colapso en las redes de servicio e infraestructura causadas por los fuertes vientos y las lluvias torrenciales inmediatamente después del paso del huracán, el factor que más incidió en las pérdidas asociadas a este evento fue la dificultad para restablecer los servicios básicos de abastecimiento de agua y suministro de energía en el menor tiempo posible. Más del 80% de los residentes de la isla permanecieron sin energía 5 meses después del paso del huracán, lo cual dificultó la atención oportuna a las personas afectadas.

Los impactos en pérdidas humanas y económicas que dejó este evento sobre Puerto Rico, ratifican la amenaza por ciclones tropicales que presentan los países localizados en el Caribe, y deben ser aprendizajes útiles para trabajar en medidas para desarrollar capacidad de resiliencia en esta región del Caribe.

 

¿Cuáles fueron los aprendizajes del huracán María?

Uno de los principales aprendizajes del paso del huracán María por Puerto Rico es la necesidad que tienen los países de desarrollar una infraestructura sostenible y resiliente frente a este tipo de eventos. Por ejemplo, daños en el sistema eléctrico originan afectaciones adicionales que se vuelven críticas en etapas posteriores, tales como la interrupción en los sistemas de potabilización y abastecimiento de agua, y la afectación a los sectores de transporte y salud.

Por consiguiente, el sistema eléctrico debe ser flexible, moderno, resistente, con gran capacidad de almacenamiento, conformado por microredes inteligentes, las cuales están basadas en tecnología digital, integran diferentes fuentes de generación y pasan de ser solo sistemas centralizados a ser sistemas distribuidos y modulares, que permiten la continuidad de servicios vitales, y minimizan los tiempos de interrupción del servicio de energía.

Los efectos de los ciclones tropicales en el medioambiente y el medio construido son manifestaciones de las megatendencias de urbanización y movilidad, escasez de recursos, y variabilidad y cambio climático. Por esto, es fundamental que los países expuestos a sus efectos implementen estrategias que permitan desarrollar ciudades cada vez más resilientes con medidas enfocadas en lograr la mitigación del riesgo y la protección de la vida, los bienes, los servicios básicos y la infraestructura.

 

“La estructura física de los huracanes hace que estos fenómenos sean particularmente destructivos cuando presentan vientos muy fuertes cerca de superficie, en el sentido que pueden llegar a combinar 3 o hasta 4 amenazas: vientos fuertes, lluvias intensas y de gran acumulado que causan inundaciones súbitas y deslizamientos, y marejadas ciclónicas que pueden causar inundaciones considerables e incluso destruir infraestructura. En Puerto Rico ocurrieron todas. Esto resalta la necesidad de tener una buena estrategia de transferencia del riesgo, en la cual se considere el efecto conjunto e individual de cada una de estas amenazas”.

Ph.D. Carlos David Hoyos, experto en hidrometeorología, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Gerente del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá.

 

Estrategias para transformar ciudades hacia un futuro resiliente 

Los objetivos son conocer, cuantificar y monitorear el riesgo a través de diferentes medios que incluyen conocer datos de eventos históricos, estimar mapas de amenazas directas y asociadas a ciclones tropicales, evaluar la vulnerabilidad de la población y la infraestructura, e implementar o actualizar sistemas de alerta temprana.

Pueden participar todas aquellas instituciones o personas que aporten en la elaboración de planes para la reducción del riesgo como el gobierno, las organizaciones regionales e internacionales, la academia y los centros de investigación, el sector privado y los inversionistas, y la sociedad civil.

Para lograrlo se deben implementar estrategias enfocadas en brindar protección y seguridad en diferentes sectores:

  • Población. Implementar programas de educación, capacitación y prevención para la reducción de riesgo.
  • Bienes y servicios. Implementar planes para garantizar continuidad de los negocios, incentivos al sector privado para propiciar inversión en reducción del riesgo; y planes de contingencia que identifiquen proveedores, clientes y ubicaciones en zonas con amenaza alta.
  • Infraestructura vital. En la prestación de servicios básicos se deben implementar microredes de energía inteligentes, proyectos de eficiencia energética, implementación de sistemas alternos de potabilización de agua, telecomunicaciones resistentes a efectos de los ciclones y sistemas de respaldo alternos.

En la infraestructura de transporte (vías, puentes, aeropuertos, puertos), se deben construir obras nuevas y adaptar las existentes para minimizar el efecto de los ciclones.

En las instalaciones vitales (hospitales, estaciones policía y bomberos, instituciones educativas, refugios de emergencia, edificaciones de centrales de operación y control de líneas vitales, edificios gubernamentales), se deben construir edificaciones nuevas, rehabilitar las existentes para que sean  resistentes a los efectos de los ciclones tropicales, y reubicar las localizadas en zonas de mayor amenaza.

 

Manifestaciones positivas en las megatendencias de ciudades preparadas para los ciclones tropicales 

Variabilidad y cambio climático

  • Baja la producción de gases de efecto invernadero.
  • Sube el incentivo de las comunidades a estar más preparadas.

Escasez de recursos 

  • Sube la continuidad en el  suministro de agua potable.
  • Baja el tiempo de interrupción de negocios.
  • Sube la protección a la agricultura.
  • Sube la confianza para los inversionistas.

Urbanismo y movilidad 

  • Sube la continuidad en servicios de la infraestructura vital.
  • Sube el desarrollo urbano planificado.
  • Suben las construcciones más resistentes.
  • Sube la protección de la vida y el patrimonio.

Fuentes

  • Carlos David Hoyos Ortiz. Ingeniero Civil y Magíster en Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Ciencias Oceánicas y Atmosféricas de University of Colorado y Ph.D. en Ciencias de la Tierra y de la Atmósfera del Georgia Institute of Technology.
  • Esteban Herrera Estrada. Ingeniero civil de la Universidad de Medellín.
  • Victoria Luz González Pérez. Ingeniera Civil de la Universidad de Medellín, especialista y M.Sc. en Ingeniería de la Universidad EAFIT.
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