Percibir nuestro hábitat como analogía de nuestro cuerpo nos conecta con el medio ambiente y nos invita a pensar en la salud de los ríos como lo hacemos con nuestro sistema sanguíneo o a observar que la cercanía que tienen los árboles entre sí y la consecución de sus raíces pueden parecerse a la red neuronal de nuestro sistema nervioso. Reconocer que el planeta puede enfermar, al igual que nosotros, nos presenta oportunidades para sanar las heridas que le hemos causado.

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El espacio que recorremos, donde nos encontramos y podemos ser, tiene relación con nuestro cuerpo. Según un artículo científico de la Universidad Politécnica de Madrid, el ciudadano puede percibirse como centro del espacio público porque “el acondicionamiento urbano repercute en la sostenibilidad, confort, habitabilidad, bienestar y vida cotidiana de los habitantes”.

El diseño urbano es capaz de potenciar nuestra vitalidad,  posibilitar el encuentro social y el desarrollo amplio de nuestro ser al sentir que también nosotros somos parte del conjunto del entorno que habitamos.  Las interacciones que tenemos con nuestro entorno urbano y natural, a través de la habitabilidad, promovemos conciencia y cuidados a la naturaleza como lo hacemos con nuestra salud.

Cuando nuestra temperatura se eleva, por ejemplo, tomamos medicamentos y aplicamos todos los cuidados posibles para evitar el avance de las enfermedades que percibimos. La temperatura de nuestro planeta nos está indicando que es hora de atender sus síntomas. Declara la ONU, en un reciente informe sobre medio ambiente y adaptación al cambio climático, que:

“Las medidas de adaptación son esenciales para que los agentes, tanto del sector público como privado, puedan estar preparados y responder ante los efectos del cambio climático. Según el análisis, la mayoría de los países —el 72%— ha adoptado al menos un instrumento de planificación nacional en materia de adaptación, mientras que algunos países —el 9%— aún no cuentan con dicho instrumento y se encuentran en proceso de crear uno”.

Reducir urgentemente estas brechas es tarea de todos, ya que el Cambio Climático es un riesgo para nuestra salud. “El 2020 ha sido uno de los años más calurosos de la historia: según los datos registrados por la ONU, más de 50 millones de personas en todo el mundo se han visto afectadas directamente por inundaciones, sequías o tormentas; y los incendios forestales han arrasado con mayor intensidad en países como Australia, Brasil, Rusia y los Estados Unidos, entre otros”

Ser parte del cambio y tener la oportunidad de contribuir en la planificación de la adaptación, generando conciencia y propiciando hábitos más saludables nos asegura de vivir en mayor contacto con nuestros ecosistemas. La naturaleza puede sanar, porque es biodiversa. Según un artículo especializado de la La Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL, “la biodiversidad estructural y la biodiversidad de especies […] son la base subyacente de la resiliencia de los ecosistemas.

Conocer aquello que afecta nuestro organismo, al igual que a nuestro hábitat, hace parte de hábitos saludables y responsables que podemos adquirir. Con seguros SURA podemos estar informados y acompañados por expertos que nos orientan para vivir de forma más segura al informarnos sobre los cambios climáticos y nuestro mundo a través de su revista especializada Geociencias.

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