En los últimos años, diversas voces alrededor del mundo ya se alzaban en pro de ciudades incluyentes y pensadas para todos. Con la propagación del COVID-19 esta necesidad está más vigente que nunca: hay que desarrollar ideas que generen respuestas a una nueva realidad, siendo tal vez este el momento clave de la historia de nuestras urbes para afrontar el reto de construir ciudades con fuerte participación ciudadana.
Por ejemplo, en la Cumbre Internacional de Ciudades Incluyentes 2019 en Guadalajara, México, se hacía mucha fuerza a la cultura de la igualdad y la inclusión desde reflexiones y propuestas públicas a favor de aquellos en situaciones vulnerables, así como al reforzamiento de programas culturales y deportivos, movilidad sostenible y servicios para las personas con discapacidad y adultos mayores.
En plena pandemia y sin saber a ciencia cierta cuánto tiempo más estará con nosotros, ni los alcances reales que tendrá tras su paso por el mundo, queda claro que el ser humano debe replantearse casi su forma de vivir y de interactuar con su entorno.
Las ciudades, por ejemplo, con su tendencia a la densidad poblacional, serán cada vez menos viables por convertirse en foco de contagio de virus como el que actualmente nos azota, que ha expuesto con crudeza las vulnerabilidades de las mega ciudades globalizadas, razón por la que deben repensarse, tal como siempre lo han hecho. Cabe destacar que en la actualidad, hay un 50% de población mundial que vive en urbes. En Europa, la cifra alcanzará el 85% en el año 2050, según datos de la Comisión Europea.
Según Carlos F. Lahoz, profesor de urbanismo de la CEU San Pablo de Madrid, en diálogo con Euronews: “Las primeras leyes urbanísticas nacieron en el siglo XIX durante la Revolución Industrial para controlar las enfermedades infecciosas. Se implantaron para aumentar el tamaño de las viviendas, como que hubiera ventilación o que llegara la luz del sol, fueron gracias al miedo a la pandemia, a la tuberculosis y a otras enfermedades similares”. Lo anterior da a entender que situaciones así deben ser aprovechadas con el fin de mejorar la situación de las ciudades, hacerlas más viables.

La necesidad de adaptarse a los cambios

En un mundo en el que cada vez más actores de la sociedad buscan ser incluidos y nuestra manera de movernos está cambiando de forma acelerada, pensar en el otro será una de las cosas más importantes que debemos aprender, razón por la que cada uno debe empezar a ser mejor ciudadano con prácticas tan sencillas como contaminar menos (evitando el uso desproporcionado del coche, por ejemplo), ser mejor vecino (entender que tenemos mucha gente alrededor y fácilmente podemos perturbar el sueño y tranquilidad de las personas), apoyar los negocios locales y, de una vez por todas, comenzar a reciclar.

En la medida en que las ciudades se sigan haciendo más inteligentes con la incorporación de tecnologías como IA o big data, el ser humano tiene que avanzar y aumentar su capacidad de resolución de problemas. Nada nos gamos al tener ciudades inteligentes si nosotros mismos no lo somos. Un dato no menor es que las ‘smart cities’ pueden reducir sus gastos entre un 20 % y un 60 %, según un informe elaborado por la firma KPMG, con la colaboración de Siemens.

La tecnología digital sí que ha ayudado a gestionar el cambio, pero permanece la necesidad de prepararnos para lo que podría llegar. Tenemos que ir a la par de este, no paralizándonos por la angustia del momento actual, sino proyectándonos hacia escenarios factibles y las mejores formas de afrontarlos para estar preparados. Esto es algo en lo que ayudaría mucho la prospectiva, que es la ciencia de la anticipación, la cual permite identificar desde el presente y el entorno, y por medio de la estrategia, oportunidades y posibles amenazas que pueden presentarse en el futuro y qué acciones tomar frente a ellas, mientras se evita la improvisación.
Las ideas están ahí, como la que propuso la alcaldesa de París, Anne Hidalgo: La ciudad en un cuarto de hora o La ciudad de 15 minutos. “Es la urbe conformada por barrios donde se puede encontrar todo lo que se necesita a 15 minutos del hogar. Esta es la condición para la transformación ecológica, al tiempo que mejora la vida cotidiana de los parisinos», explicó en Twitter. Ahora, lo más importante y lo que nos puede ayudar a avanzar como sociedad, es no añorar la normalidad, sino entender por qué la perdimos y cómo podemos recuperarla, sin olvidar lo frágil que puede ser y los cambios a los que debe ser sometida.

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