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Ranking de desconfianza: en qué y por qué dejaron de creer los latinoamericanos

31 marzo 2022 Sé relevante

La confianza en las instituciones permite el funcionamiento de la democracia. Dependiendo de los momentos históricos, la población cree o no. ¿Cuáles son algunas de las instituciones que más perdieron credibilidad?

Cuando se habla de creer en las instituciones se lo relaciona con la confianza. Confianza entre las instituciones, las personas y la ciudadanía. Pero también la confianza interpersonal. Decenas de estudios muestran casi al unísono una realidad: instituciones como la religión, los partidos políticos y hasta la ciencia están perdiendo prestigio entre la ciudadanía. Aunque hay excepciones por país y edad, entre otros aspectos, esta ruptura está calando en la cultura regional.

“La confianza es un vínculo emocional”, dice Hugo Rabbia, investigador del Conicet en el Instituto de investigaciones psicológicas (LIPSI) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y profesor de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), Argentina. A lo que Carmen Le Foulon Morán, doctora en Ciencia Política y miembro de la Red de politólogas No sin mujeres e investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP), advierte que “la confianza en las instituciones es importante tanto para su legitimidad, así como para el funcionamiento de la democracia, para la participación ciudadana”. 

Coincide con esta idea el escritor y periodista Sergio Sinay: “En un sistema democrático, las instituciones tienen como función garantizar el cumplimiento de lo que Hannah Arendt llamaba la promesa de la política. Es decir, la priorización del bien común y el respeto mutuo por encima de los intereses personales o sectoriales. No hay bien común sin justicia, equidad, salud y educación”. 

El escritor agrega: “Cuando las instituciones dejan de cumplir su función, el sistema mismo se vuelve inconfiable y, al sentirse abandonadas y traicionadas, las personas confían en quien les prometa, de manera mágica e inmediata, lo que las instituciones ya no garantizan. Así, se instalan y mantienen los populismos, con la creencia en figuras providenciales, con la creencia en la justicia por mano propia y con la creencia en que lo que importa es salvarse y beneficiarse uno, aunque sea a costa de los demás. Las sociedades se tornan entonces violentas, caníbales, indiferentes a las necesidades de cada uno y a los deberes ciudadanos”. 

En las últimas décadas se ha evidenciado un fenómeno global de menor nivel de confianza en las instituciones. Por supuesto, cada país o región tiene sus particularidades. “Tiene fluctuaciones con mayores niveles de confianza que otros momentos”, sostiene Rabbia. Argumenta que, en la región, “si se piensa en instituciones como los partidos políticos, el Congreso o el Gobierno, los niveles de confianza de los ciudadanos dependen de los momentos históricos”. Por ejemplo, menciona la crisis de 2001 y 2002 en Argentina, que hizo estallar la confianza institucional de los argentinos, y en estos últimos cuatro o cinco años la desconfianza ha crecido”. 

Confianza en baja

Entre las instituciones más afectadas en cuanto a los términos de confianza figuran las instituciones políticas. Le Foulon Morán menciona que “así como en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), en promedio, un 51% confía en el gobierno (OECD, 2020), en América Latina es más bajo, donde en promedio, menos de un tercio lo hace. (LAPOP, 2019).  

Ella explica que “la confianza en el gobierno -que puede entenderse como la confianza de la ciudadanía que los gobiernos hagan lo que es correcto y justo-  y sus instituciones incide en el éxito de políticas públicas que dependen de cómo actúan las personas, es decir, del grado en que las personas cumplen con las medidas que los gobiernos buscan implementar”.

Por su parte, respecto a la desconfianza, Rabbia argumenta que “puede tener que ver con que los ciudadanos no se sienten representados por sus políticos. No sienten que las instituciones políticas les estén brindando soluciones a sus problemas cotidianos; tiene que ver con la economía”.

Le Foulon Morán analiza puntualmente el caso de Chile: “Según los datos de la encuesta del CEP, se observan niveles muy bajos de confianza en el Gobierno y el Congreso desde hace muchos años. Otras instituciones, como la Carabineros y las Fuerza Armadas, que históricamente tenían mayores niveles de confianza (entre 40 y 50%), cayeron desde 2017 y, como muchas otras instituciones, experimentaron una caída abrupta para el estallido social de octubre de 2019. Si bien su confianza subió en la última encuesta CEP de 2021, están a niveles más bajos que previo al estallido”.

Iglesia y ciencia

Así como ha crecido la desconfianza hacia el gobierno y las instituciones políticas en América latina, Hugo Rabbia, destaca que la confianza en la iglesia también ha disminuido, en comparación con otras instituciones. “Ha habido un aumento de los que manifiestan poca o ninguna confianza en la iglesia católica”. 

Según la organización sin fines de lucro Latinbarómetro, Chile es el país de la región que ha sufrido más cambios en sus creencias religiosas en los últimos 10 años. La confianza en la Iglesia en este país cayó desde el 72% en 1995 al 31% en 2020, en un derrumbe de 41 puntos porcentuales. Mientras que hoy es uno de los países más agnósticos de la región (35%) y el catolicismo disminuyó 23 puntos porcentuales en el mismo período.

Así como hay mayor desconfianza en la Iglesia, Rabbia también se refirió a la desconfianza hacia la ciencia. Sobre todo, en contexto de pandemia. “La polarización política de la ciudadanía en diversos países como Brasil, Chile, Estados Unidos y Argentina, afectan los vínculos de confianza. Es mucho más posible que se manifiesten mayores niveles de desconfianza en instituciones que están siendo gestionadas por alguien que no es de mi ideología política o que tiene actitudes políticas completamente diferente a las mías, que viceversa”.

“También esa grieta ha sido incentivada, por ejemplo, con Jair Bolsonaro en Brasil con sus seguidores, en la desconfianza que pueden haber representado en la ciencia y los discursos científicos y médicos en la gestión de la pandemia”, completa-

Para concluir, el investigador y profesor Hugo Rabbia es esperanzador: “No está bueno que ninguna sociedad atraviese grandes crisis de confianza institucional porque sino se transforman en sociedades con alto niveles de anomia, dificultades para imponer acuerdos y consenso colectivos. Pero tiene aspectos positivos, como la búsqueda de vínculos más flexibles, formas más cómodas para desarrollar las diversas expectativas de lo que cada persona desea y quiere”.

La mirada de los artistas latinoamericanos

“Por lo general, en la historia de Latinoamérica, siempre la representación de la institución ha sido de algo que no acompaña, sino que somete”, dicen desde Agroarte. “No se puede tener confianza en el Estado por el nivel de impunidad que puede haber, por ejemplo, con las vacunas; no hay quien regula eso. Por otro lado, en el caso puntual de Colombia, está el tema de la migración, para lo cual no hay una política clara, al igual que sucede con la problemática de la vivienda, y eso es muy doloroso”.

En conversación con Asegúrate de Vivir, el artista ‘Aka’ observa que “no hay cambios estructurales de las problemáticas profundas”.  Para el referente de Agroarte, el arte ha acompañado de forma importante los procesos de encuentro en este clima de desconfianza que vive América Latina”.

“Lo que ha juntado a la gente no son las instituciones, es el arte; el arte en los barrios, el arte hecho con la gente, la acción, el relato que se va recogiendo a través de las pinturas y de la música. Eso ha juntado a la gente”, cierra el artista.