“La solidaridad convierte a una muchedumbre en una auténtica sociedad humana. Las muchedumbres son algo muy peligroso que van en desbandada en donde cada uno se dedica a sí mismo, se dejan asustar, arrollan, atropellan y patean a los que cruzan por medio. La muchedumbre es muy insegura, en cambio, las sociedades son seguras, positivas, nos ayudan a vivir, nos ofrecen lo mejor que necesitamos para la vida”

(Fernando Savater)

Momentos complejos como el actual, el cual tiene a todo el mundo sumido en la incertidumbre, el miedo y la infoxicación (exceso de información a la que está expuesta una persona), nos plantean una gran pregunta: ¿Cómo nos cambian las crisis? Estas retan fuertemente al ser humano, pero una de las mejores respuestas es la solidaridad de la que habla Savater: si una crisis nos hace más solidarios, ya estaremos en ese camino que nos llevará a derrotarla.
Esta crisis ha dejado ver muchas caras de las personas, siendo la empatía y las ganas de ayudar dos que han destacado. Según la Alcaldía Mayor Bogotá, la jornada de donaciones, que se celebró entre el 18 y 19 de abril sirvió para recaudar 51.696 millones de pesos colombianos, tanto en dinero como en especie. La meta, que era de $24.000 millones, se superó por más del doble, garantizado recursos para que 350.000 familias vulnerables tengan asegurado un ingreso mínimo que les permita cubrir sus necesidades durante la cuarentena.
Las dificultades a las que todos nos estamos viendo enfrentados a causa de la expansión del coronavirus nos puede cambiar para siempre como sociedad, pues las crisis son la forma más descarnada en la que cada una de ellas puede enfrentarse a sí misma y, en caso de salir victoriosa, acercarla a su evolución.

Las crisis son oportunidades inmensas de cambiar, así no siempre lo entendamos de esta forma y más cuando son recientes o las estamos padeciendo. Vale la pena proyectarse en medio de una situación coyuntural como la actual y cada uno pensar para sí mismo cómo se estará meses y años después, tras haber incorporado los cambios y aprendizajes logrados durante los diferentes días de adversidad.

No es sencillo alejarnos de la visión fatalista de los hechos que nos tienen doblegado en la actualidad, pues las grandes dificultades logran erigirse como si fuesen lo último que pudiera pasarnos en la vida. Sin embargo, los cambios que se dan durante o pasadas las crisis suceden porque sacuden nuestras zonas de confort, nos hacen entender que no todo es seguro y nos ponen de cara a una realidad que nos incomoda y puede afectar nuestra vida para siempre.

Siendo sociedad, somos menos vulnerables

Estar en crisis es la oportunidad de repensarse, ver más allá de lo obvio y conocer esos puntos frágiles o ciegos que tenemos, ayudándonos a salir airosos, con una mentalidad renovada y nuevas capacidades incorporadas. Por ejemplo, este tipo de situaciones nos puede enseñar a vivir con menos, a preocuparnos más por el otro, a querer escuchar más y hablar menos, a interesarnos por nosotros mismos de cara a la buena relación con los demás y a ser parte de un mundo con mayor rigor humanista, científico e investigativo.
Aquí vale la pena citar de nuevo al filósofo español Fernando Savater, en su charla Apuntes sobre la pandemia: solidaridad y la ciencia, organizada por el Hay Festival el pasado 4 de mayo y que contó con SURA como uno de sus patrocinadores: “La sociedad es el instrumento que tenemos que impulsar contra nuestra vulnerabilidad. Que la pandemia nos haga más solidarios, agradecidos y científicos”.

De la misma forma, es posible que esta situación no derribe paradigmas y nos ponga de nuevo ante viejos hábitos de consumo, como queriendo recuperar el “tiempo perdido”. Es posible también que haya un equilibrio, que se quiera volver a las tradiciones anteriores a la pandemia, pero incorporando nuevos comportamientos que nos lleven a ser más solidarios, más ahorrativos y medidos, o, por el contrario, que digamos “hay que sacarle todo el jugo a esta vida”.

Debemos tener en cuenta que somos una especie adaptativa, aunque sin desconocer que a medida que van pasando los días y las semanas, nuestro estado mental puede variar. Es muy posible que valoremos de manera diferente lo que ya teníamos: personas, salud y trabajo, así como un concepto que dice demasiado y nos logre terminar redefiniendo como sociedad: “bien común”. Tal vez nunca antes la historia nos había puesto de frente y de forma tan brutal ante una percepción que finalmente enseña que, si me cuido a mí mismo, protejo al otro; si los demás están bien, yo también lo estoy.
Crisis con tanto poder de impacto pueden derrumbar una tendencia tan marcada como el individualismo, para llevarnos a una interdependencia entre los seres humanos, sin importar que el distanciamiento social esté presente y logrando convertirse en una actitud ante la vida y una necesidad para la supervivencia.

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